*Todas las opiniones son responsabilidad de la autora.
Andrés Manuel López Obrador (AMLO) —presidente de Morena— no es el mesías ni el salvador que vendrá a sacar al país de la mierda, que nos desenterrará de la fosa clandestina más grande de todas ni que encarcelará a todos los corruptos de la noche a la mañana. Sus promesas de un cambio definitivo, aunque son seductoras, le tomarían varios periodos presidenciales, es probable que ni siquiera él alcance a ver el “renacimiento” del segundo país más violento del mundo…sólo después de Siria.
Lo que sí es cierto es que todos le tienen miedo. La derecha mexicana no está dispuesta a dar un paso en falso, pues saben que si logra unificar a la izquierda para las elecciones presidenciales del 2018, sus oportunidades de éxito se verían reducidas a cenizas.
Tras el triunfo apabullante de Morena (no ganó, pero sí fue el verdadero ganador) en el Estado de México y la derrota del PRI (no perdió, pero recibió 35 por ciento menos de los votos que el actual gobernador mexiquense, Eruviel Ávila: el gran perderor), los partidos de “centro” y de derecha lo ven ahora como el peor enemigo. Para empezar, es el único candidato presidencial definitivo.
Repasemos los datos: en comparación con las elecciones gubernamentales pasadas, un millón menos de mexiquenses votaron por el PRI en el bastión del partido, en la entidad con más electores del país y la pieza clave para las elecciones presidenciales del próximo año. Morena sorprendió por su segundo lugar.Fraude o no, Delfina Gómez fue la verdadera ganadora del pasado domingo 4 de junio, al mismo tiempo que el PAN, por primera vez en la historia de la entidad, quedó rezagado en el cuarto lugar.
Es decir, la izquierda mexicana (no importa realmente de la “corriente” que sea, o bien, qué tan corriente sea), ocupó dos de los tres primeros peldaños.
En su columna “Todos contra AMLO”, publicada en Sin Embargo, el ensayista mexicano Rogelio Guedea sentencia que el triunfo del PRI en la entidad que es “la cuna de la política” del presidente Enrique Peña Nieto no es lo destacable para el curso del país en general. El mensaje que debería importarnos tras la elección fallida es que “si hay un enemigo a vencer para las elecciones presidenciales de 2018” es a AMLO.
Y esa cita viene de la boca de los dirigentes de los demás partidos políticos del país: PAN, PRD y PRI. Sin embargo, aunque podría posicionarse como el candidato más arduo a vencer, el problema es que si esas “oligarquías domésticas” siguen teniendo el poder, entonces el futuro de verdadero cambio de los mexicanos “se alza desolador y desconcertante”, dice Guedea. Todavía no aparece una “salida digna” a ese sistema de aniquilación sistemática.
Aunque AMLO tenga todo en su contra, los políticos de izquierda más desencantados ya están pensando en aliarse con él para tener lo que todos estamos esperando (incluso con la mismas ganas que esperar a que ya no triunfe el PRI): que se modere, que deje su papel de inmaculado político para lograr la verdadera unificación de la izquierda mexicana. Sólo así se podría derrocar al partido parido por el grupo Atlacomulco (la versión mexicana de la mafia italiana) del trono.
El primero en convencerse de que esa es la única alternativa posible hasta el momento es el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien hace unos meses negaba rotundamente una alianza con el presidente nacional de Morena, ahora asegura que
si la izquierda quiere avanzar hacia el 2018, es necesario que el excandidato a la presidencia de la República “deje de lado el protagonismo y construya un proyecto común”.
A lo primero que deberá renunciar AMLO para que Mancera decida unirse a él es a su “figura protagónica”. De acuerdo con el diario La Razón, Mancera afirmó que el PRD le hizo el llamado a AMLO, pues tras las elecciones a gobernador en el Estado de México, el abanderado del sol azteca, Juan Zepeda, demostró que es un gran candidato, y entonces “el día que se pueda llegar a un acuerdo, si se consigue crear ese proyecto, todo el mundo estaría convocado”.
Mancera se dio cuenta de que fueron unas elecciones benéficas para el PRD, pero sobretodo para Morena en el estado clave para las futuras elecciones y eso sólo significa que o unen sus motores o se retiran con sus menciones honoríficas. Ahora, los líderes de las principales “fuerzas” de izquierda en México deben reivindicarse y salirse con la suya de una vez por todas. Es más que no permitir que el PRI nos vea la cara nuevamente, es un ejercicio de dignificación en todos los niveles.
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