Cada cuatro años, a lo largo del primer martes de noviembre, la población de Estados Unidos elige a su próximo presidente. Esta costumbre, instaurada en 1845, se ha mantenido a lo largo de 171 años. Las razones, en cambio, han caducado.
En 1845, la vida era muy diferente en Estados Unidos. El país tenía, prácticamente, la mitad del territorio que posee en la actualidad. Los estados de la unión eran 26 en total, comparados con las 50 entidades y seis territorios que hoy la componen.
Los partidos políticos dominantes eran el demócrata, que en ese entonces, a diferencia de hoy, era conservador, y el partido Whig, que reunía varias tendencias e ideologías.
Un año antes, el demócrata James K. Polk había triunfado en las elecciones por sobre Henry Clay. Aquellos comicios serían los últimos en que se pudo votar a lo largo de todo un mes.
Las comunidades afroamericanas, los indígenas y las mujeres no podían votar. La esclavitud era común. Faltarían más de 15 años para que la Guerra Civil entre unionistas y esclavistas se llevara a cabo.
El Congreso determinó que, a partir de las elecciones de 1848, la jornada electoral se llevaría a cabo durante un solo día. Pero las discusiones para determinar qué día y en qué época del año, fueron muy diferentes de las que serían hoy en día.
A mediados del siglo XIX, sólo los votantes blancos tenían acceso a las urnas. La mayoría de la población blanca en aquel entonces, poseían o trabajaban en una granja. La conclusión alcanzada fue que noviembre era el mes en el que habría una mayor participación.
La “cosecha de otoño” termina unos días antes y el clima es ideal para viajar. Esas cualidades son importantes ya que, en aquella época, los electores tenían que tomarse un par de días para emitir su voto y viajaban distancias relativamente largas para poder hacerlo.
El primer martes después del primer lunes fue escogido porque los granjeros viajaban desde un día antes a los lugares de votación. Sirvió como una táctica para evitar que las elecciones estadounidenses cayeran el primero de noviembre, por ser “Día de Todos los Santos”, un feriado muy importante para los católicos.
El fin de semana (en ese entonces, sólo el domingo) era un día sagrado, ya que estaba dedicado a la adoración de Dios, por lo cual también se descartó.
Hoy en día, algunas organizaciones impulsan la idea de reformar el día de las elecciones, ya que los argumentos han cambiado con el paso de las décadas y las necesidades del nuevo electorado. Actualmente, una de las porciones más importantes de los posibles votantes pertenecen a una minoría, algo que nunca ha sido tomado en cuenta.
*Con información de: Vox.com, Fec.gov, The Washington Post.
