La historia dicta que si México nació en el agua, también ahí debería morir y convertirse en una ciudad perdida en las profundidades de los mares. No es coincidencia que cada año, algunas de las delegaciones de la CDMX se hundan hasta 30 centímetros al año. El cambio climático y la escasez de agua terminarán por colapsar a la urbe.
Las fuentes acuíferas en México se están evaporando por el calentamiento global, cada vez es más difícil saciar la sed y cubrir la mayoría de las necesidades básicas de los ciudadanos. Frente a a escasez, el gobierno de la CDMX depende cada vez más de la explotación de pozos. De acuerdo a Excélsior, la capital consume alrededor de 45 metros cúbicos de agua por segundo y el 60 por ciento se obtiene del subsuelo.
El manejo de los pozos y los métodos empleados para extraer el agua, a cargo del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) y la Comisión Nacional del Agua, es precisamente, lo que está provocando el hundimiento de la ciudad, sobretodo en las delegaciones de la zona oriente (como Iztapalapa, Iztacalco y la Venustiano Carranza).
Excélsior explicó que mediante tomas satelitales y mediciones del terreno, se determinó que los hundimientos en esas zonas alcanzó los 30 centímetros y según el director del Sacmex, Ramón Aguirre la explotación de pozos “no es sustentable” y si no se reduce a la mitad el consumo de agua, el hundimiento “seguirá agravándose”.
Un reportaje publicado recientemente en The New York Times confirma el problema: A pesar de la escasez de agua (sobretodo potable), se sigue perforando sin cesar y esto debilita “los antiguos lechos de barro de arcilla sobre los cuales los aztecas construyeron gran parte de la ciudad provocando que se desmorone todavía más”.
Este fenómeno, que amenaza a la ciudad, está empeorándose por los efectos del cambio climático. La investigación explica que más calor y sequía implican, lógicamente, una mayor evaporación demanda de agua, “añadiendo presión para aprovechar depósitos distantes a costos asombrosos o drenar más los acuíferos subterráneos y acelerar el colapso de la ciudad”.
Aunque muchos ciudadanos no ven más allá de esta problemática, pues consideran que sólo implica que durante días, determinadas colonias se queden sin agua (el reportaje expone, específicamente, el caso reconocido de la delegación Iztapalapa, donde “15 escuelas se han derrumbado), en realidad el hundimiento es “una tormenta que se aproxima, forzando un tejido social ya precaria y amenazando con empujar a una gran ciudad hacia un punto de ruptura”.
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