La artista Shelley Miller parece moverse entre dos mundos: uno es el del street art; el otro, el de la repostería. Y es que sus intervenciones combinan los soportes y elementos estéticos comunes del arte callejero con los materiales propios de la decoración de pasteles; creando un lenguaje único que contrapone con dejos de ironía la elegancia culinaria –símbolo inequívoco de élite– con la realidad urbana.
Miller es una artista radicada en Montreal, Canadá, con una especialización en Arte por el Colegio de arte y diseño de Alberta. Su trabajo ha sido reconocido por distintas instituciones de su país y ha realizado exposiciones en lugares tan dispares como India y Brasil. Parte de lo que destaca en su propuesta es la utilización de materiales efímeros que modifican la obra en la medida en que el tiempo, el clima y las personas van “destruyendo” lentamente las piezas.
Pero el trabajo de Miller no es casualidad; la artista tiene más de diez años trabajando con materiales basados en azúcar, poniendo en la palestra conceptos tan antiguos y poderosos como el desperdicio de recursos, las cuotas de poder y las diferencias sociales.
Quizá uno de sus trabajos más interesantes sea el realizado en Itaparica, Brasil, entre 2004 y 2006. En él, la artista intervino con diseños de azulejos tradicionales las fachadas derruidas de algunas casas, logrando así una imagen que se comunica con el espectador en distintos niveles: primero la imagen aparentemente normal del deterioro, luego la sorpresa del contraste entre materiales y finalmente la conceptualización del texto que profundiza en las divisiones sociales, el paso del tiempo, las debacles económicas y los ecos de tiempos que quizá percibimos como mejores.

Fuentes de consulta: Collabcubed.com Shellymillerstudio.com Scotiabanknuitblanche.ca
Las dulces ironías de Shelley Miller
