La activista trans Cami Aurora, conocida por su cortometraje Johanne Sacrébleu —una crítica directa a Emilia Pérez y a las representaciones vacías de lo trans en el cine—, denunció haber sido agredida físicamente por un guardia de seguridad privada mientras se encontraba con su contingente en un espacio de resistencia económica autogestivo. El ataque, registrado en video, ocurrió después de múltiples reportes previos por acoso del mismo agresor.
El ataque a Cami Aurora fue directo, documentado y ya tiene una denuncia legal
En el video difundido en redes sociales, se observa con claridad el momento en que el guardia le da un golpe en la cara a Cami, luego de que ella se le acercara para reclamarle por una agresión anterior: un golpe a un chico trans de su grupo, quien tuvo que recibir atención médica por posible fractura nasal.
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Las imágenes muestran cómo, tras la agresión, el resto de las personas trans presentes intervinieron para protegerla. Poco después, llegaron elementos de la policía y detuvieron al agresor, lo cual también fue captado en video. Más adelante, Cami confirmó en sus redes que ya presentó una denuncia formal y que el proceso legal está en marcha.
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Aunque ella solo resultó con una contusión leve, su compañero aún espera los resultados médicos para descartar lesiones mayores. La violencia, sin embargo, ya estaba documentada: este guardia ya había sido señalado antes por hostigar reiteradamente al mismo grupo.
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No es un hecho aislado: es la violencia estructural actuando en tiempo real
Este ataque no ocurrió en un espacio clandestino ni durante una confrontación espontánea. Fue en un espacio público, uno que se suponía “seguro” para personas trans, pero que fue vigilado por alguien que ya había mostrado conductas violentas. Eso es lo más grave: la seguridad no está garantizada cuando quienes deben protegerte son parte del problema.
El caso de Cami no es excepcional. Es una muestra más de cómo la transfobia estructural sigue presente incluso en espacios que presumen inclusión. No basta con crear protocolos si quienes los aplican no entienden ni respetan la existencia trans. No basta con que haya denuncias si las agresiones siguen ocurriendo a plena luz del día.
Cami Aurora lleva años resistiendo con el cuerpo y con la voz
Lo más doloroso de este caso es que Cami lleva años hablando justamente de esto: de la violencia simbólica, institucional y mediática que viven las personas trans. Su cortometraje Johanne Sacrébleu surgió como respuesta a Emilia Pérez, una película que, en palabras de activistas y organizaciones, presenta una visión distorsionada, instrumentalizada y oportunista de lo trans.
Desde entonces, Cami ha sido blanco de acoso, amenazas y agresiones, muchas veces por decir lo que nadie más se atreve a decir en voz alta. Y ahora, su cuerpo vuelve a recibir el golpe literal de ese mismo odio que ha venido denunciando.
El video no es solo prueba de una agresión. Es evidencia de que incluso con visibilidad, incluso con respaldo, incluso con cámaras, la violencia no se detiene. Pero también es muestra de resistencia: porque Cami, aun con miedo, ya dijo que va a hacer justicia. Y eso, en este contexto, también es un acto de valentía radical.
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