Hoy, mientras veía el atardecer desde mi ventana, no pude evitar acordarme de tu risa, tus bromas, tus palabras de aliento. De los planes, viajes e historias que queríamos hacer juntos, pero que ahora son parte del ayer, de aquellos tiempos en los que una pandemia de Covid se llevó tanto de la vida que ya no podremos recuperar, entre ellos tú e incluso la oportunidad de despedirme de ti como lo hubiera querido.
Recuerdo aquel primer día en que escuchamos hablar del virus, cuando la noticia nos parecía distante, algo que sucedía en otros países, que no nos afectaría. Pero rápidamente, como una sombra imparable, la realidad cambió. Y con ella, todo lo que creíamos también se desmoronó. Han pasado cinco años del Covid y nunca imaginé que la última vez que nos veríamos sería en ese breve encuentro, con máscaras, con distancia, con miedo. Y aún menos, que esa despedida sería la última.

Es extraño cómo la mente guarda ciertos recuerdos con una nitidez dolorosa. Recuerdo también esa forma tan tuya de mirar al mundo, como si en cada momento buscaras algo hermoso en lo cotidiano. Recuerdo la manera en que tus ojos brillaban al hablar de tus sueños, de tus planes, de los lugares que querías visitar. Ahora, esos mismos recuerdos son una mezcla de tristeza y amor. Tristeza, porque ya no puedo verte, abrazarte, reír contigo. Pero amor, porque aunque ya no estás, te llevo conmigo de una manera que no puedo explicar con palabras.
Me pesa tanto no haber podido estar a tu lado cuando más lo necesitabas. Cuántas veces imaginé que podría correr a tu encuentro, abrazarte y decirte que todo iba a estar bien. Pero el aislamiento, la distancia, y ese cruel virus que no hizo distinción de nada ni de nadie, se interpusieron entre nosotros. En esos días, cuando el mundo estaba en silencio y la incertidumbre era nuestra única compañera, sentí una soledad profunda, una soledad que solo se entiende cuando la pérdida es tan repentina, tan violenta, tan inminente.

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Una canción, una conversación, un gesto, son cosas que siguen recordándome a ti. A veces me asalta la sensación de que todavía podrías aparecer por la puerta, sonriendo, como siempre lo hacías. Pero me despierto y sé que ya no volverás. Y entonces me abrazo a esos recuerdos, a las palabras que nunca pude decirte, a los momentos que nunca imaginé que serían los últimos.
Quiero creer que, de alguna manera, sigues aquí. Que de alguna forma sigues cuidándome desde algún lugar. Y aunque sé que la vida sigue, que el mundo avanza y las cicatrices van quedando un poco más difusas con el tiempo, mi corazón no olvida, y siempre te llevará en un rincón especial. Nunca pude despedirme de ti como quería, pero quiero que sepas que aunque el Covid me alejó de ti, te llevo en mi alma, ahora y siempre.
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