Elena Poniatowska es de la idea de que por haberse iniciado como periodista, iba a ser periodista hasta que muriera. Y su decisión de dar el paso del periodismo a la literatura fue algo aterrador. Esto fue ¡como saltar encima de un precipicio y llegar al otro lado! Este “brinco”, además de consolidarla como una de las mejores cronistas de México, también la hizo acreedora, a los 81 años, al premio considerado el más importante de las letras hispanas: el Premio Cervantes.
Hoy, Elena Poniatowska recibió el premio Cervantes, el máximo galardón de las letras hispánicas, de las manos del rey Juan Carlos de España. Durante su discurso, la escritora recordó a los mexicanos que la precedieron en recibir el Premio Cervantes.

En la presentación del trabajo de la escritora, cronista y periodista, el rey mencionó que “la experiencia de los años forjó en Elena una profunda conciencia social, cincelada por la dramática historia del siglo pasado y, sobre todo, por la muchas veces dura realidad mexicana. El periodismo fue parte fundamental de su quehacer literario. Conjugando lo real y lo literario en una zona intermedia entre la realidad y la novela. La humanidad es el centro de gravedad de la obra de Elena Poniatowska. En su ingente obra ha defendido la igualdad, la educación y la relevancia de la mujer en las nuevas realidades sociales. Es la condición de la mujer un eje central de los temas que aborda. Elena Poniatowska hace que las mujeres se eleven con voz propia y encuentren espacios que, por justicia, les corresponden. Este reconocimiento es un homenaje a todas las personas que han sembrado el camino para la promesa de un mundo mejor”.
Después de un largo discurso pronunciado por la ganadora, Poniatowska decidió cerrar sus palabras recordando a los mexicanos que la precedieron en recibir el Premio Cervantes: “Tuve un gran amor platónico por Luis Buñuel, porque juntos íbamos al Palacio Negro de Lecumberri a ver a nuestro amigo Álvaro Mutis, compañero de batallas de nuestro indispensable Gabriel García Márquez. La cárcel nos acercó a una realidad compartida, la de la vida y la muerte tras los barrotes. Ningún acontecimiento más grande en mi vida profesional que este premio que se otorga a una Sancha Panza femenina, que es una escritora que no puede hablar de molinos, porque ya no los hay, y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que duermen a la buena ventura, y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan. Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan al lado de esta reportera que busca ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas. Por todas esas razones el Premio resulta más sorprendente y, por lo tanto, es más grande la razón para agradecerlo. El poder financiero manda no sólo en México, sino en el mundo. Los que lo resisten son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos. Soy una evangelista después de Cristo. Pretendo subir al cielo y regresar con Cervantes de la mano para ayudarlo a repartir, como un escudero femenino, premios a los jóvenes que como yo, hoy, Día Internacional del Libro, lleguen a Alcalá de Henares. Muchas gracias por escucharme”.

Poniatowska es la cuarta mujer en obtener este galardón, creado en 1975 y dotado con 125 mil euros, tras las españolas María Zambrano (1988) y Ana María Matute (2010) y la cubana Dulce María Loynaz (1992).
El Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel Cervantes 2013 le fue concedido porque “contribuyó a enriquecer el legado y la riqueza literaria hispánica”. El ministro español de Educación, Cultura y Deporte de España, José Ignacio Wert, anunció el nombre de la galardonada y añadió que al comunicárselo: “Ella no se lo esperaba, fue una sorpresa para todos, le pilló desprevenida, pero es un homenaje muy merecido por su trabajo de tantos años en el mundo de las letras”.
