La inteligencia artificial (IA) está acelerando la transformación digital a un ritmo sin precedentes, pero este avance tiene un alto costo ambiental que empieza a ser cada vez más evidente.
En América Latina, la expansión de centros de datos para manejar y procesar grandes volúmenes de información generados por la IA está agravando una crisis hídrica ya de por sí alarmante, pues no sólo consumen enormes cantidades de electricidad, sino también agua, que se usa principalmente para enfriar los servidores.
De acuerdo con The New York Times, una simple consulta en ChatGPT consume casi 10 veces más electricidad que una búsqueda convencional en Google, lo que refleja el alto costo energético y de recursos de las herramientas basadas en IA.
En regiones como América Latina, donde la escasez de agua es un problema creciente, la demanda constante de este recurso para mantener operativos los centros de datos es cada vez más insostenible. Este escenario coloca en un aprieto a los acuíferos y fuentes hídricas locales, que ya están al límite.

Querétaro, el precio ambiental de la expansión tecnológica
México, por ejemplo, se enfrenta a una situación crítica. Querétaro, que ha visto un auge en la construcción de centros de datos debido a su ubicación estratégica y a los bajos costos de construcción, se ha convertido en un punto de atracción para la economía digital del país.
A pesar de que este crecimiento ha impulsado la economía local y atraído inversiones extranjeras, el impacto ambiental es significativo, ya que requieren grandes cantidades de agua para enfriar sus sistemas.
Según la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), la disponibilidad de agua per cápita en Querétaro ha disminuido un 60% en los últimos 20 años, lo que agrava aún más la situación. Aunque se han prometido tecnologías más eficientes, como sistemas de refrigeración líquida cerrados, en muchos casos estas no se están implementando de manera efectiva.
Además, en algunos no existen sistemas de monitoreo transparente sobre el consumo de agua, empeorando la situación en municipios como Colón, donde se instaló el primer campus de centro de datos a gran escala de Microsoft en México, y sus presas de agua están casi secas.

Una amenaza creciente para el futuro del agua
La expansión de la Inteligencia Artificial y la construcción de más centros de datos en América Latina presentan un dilema claro: mientras más avanza la tecnología, mayor es la demanda de recursos como el agua.
Y aunque generan empleo y pueden impulsar el desarrollo económico, su huella ambiental es significativa. Según el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), las sequías en el centro de México se están intensificando debido al cambio climático, lo que hace que el agua sea aún más valiosa y difícil de gestionar. Además, la falta de regulación y monitoreo sobre el consumo de este recurso vital en los centros de datos pone en riesgo la estabilidad de las comunidades locales.
Si no se toman medidas urgentes para regular el uso del agua y se implementan tecnologías más eficientes, la región podría enfrentar una crisis hídrica mucho más grave en los próximos años.
El futuro de la tecnología en América Latina no debe ser a costa de nuestros recursos naturales. Es muy importante que se trabaje en conjunto para encontrar soluciones sostenibles que equilibren el desarrollo digital con la preservación del agua.
Sin una intervención inmediata, la promesa de un futuro digital podría verse opacada por una crisis ambiental, donde cada gota de agua será más valiosa que nunca.
