El ciclo de las noticias en Internet puede ser engañoso y a veces complicado de discernir entre lo que es real, inventado o simplemente mal documentado… y muchas otras, publicado fuera de tiempo.
En el 2019, las Islas Galápagos fueron el foco de atención después de que se avistara por primera vez en casi 100 años la tortuga gigante de Fernandina (o Chelonoidis phantasticus, en caso de que estés completando una tarea y quieras lucirte), una especie de tortuga gigante que habita la isla que le da nombre.
Foto: Shutterstock.
El suceso estaba marcado por un avistamiento previo 10 años atrás, en el 2009 específicamente, en el que se reportó ver a la tortuga Fernandina desde un avión, sin embargo, en su momento dicho avistamiento no pudo ser confirmado, por lo que la sospecha de su extinción continuaba.
No obstante, a mediados de febrero de 2019, un grupo de expertos miembros de la Iniciativa de Restauración de la Tortuga Gigante —una ONG que tiene como objetivo restaurar la población de tortugas gigantes en las islas de origen al criarlas en cautiverio y luego dejarlas en libertad para repoblar los sitios que antes ocuparon— confirmaron el primer encuentro de este animal, que no ocurría desde 1906.
Desde entonces la esperanza de recuperar a esta especie en peligro de extinción fue recobrada y los expertos comenzaron a buscarle una pareja con la que puedan asegurar el futuro de la especie, sin embargo, se trata de una tarea titánica que no sólo requerirá grandes esfuerzos, sino tiempo.
La extinción de las tortugas gigantes
El archipiélago de las Galápagos, España, es reconocido por su abundante y peculiar fauna, así como ser uno de los sitios en los que los asentamientos humanos conviven con los de los animales, aunque no necesariamente ésta ha sido una relación beneficiosa para ambas especies.
Las tortugas gigantes han sido uno de los animales más afectados por la presencia humana y las consecuencias de ello. De acuerdo con National Geographic, para 1960 la población de tortugas gigantes a nivel mundial era de tan sólo 15 tortugas, lo cual fue un momento crítico.
Entre los factores que guiaron a las tortugas a tal punto no sólo estaba la caza indiscriminada, sino la introducción de cabras salvajes que en el siglo XIX fueron introducidas a la isla. En un panorama como el que se ha visto en el 2020 que el “avispón asesino” —que en realidad no es peligroso para los humanos— proveniente de Asia fue introducido por accidente a Canadá y Estados Unidos y ahora presenta un peligro para las abejas al no tener depredadores naturales, siglos atrás las cabras también desequilibraron el hábitat de las tortugas.
Foto: Shutterstock
Si bien las cabras salvajes no atacaban a las tortugas ni mucho menos, sí eran responsables de consumir todo el alimento vegetal de la isla, poniendo en desventaja a las tortugas. Las cabras eventualmente serían “expulsadas” de la isla y los esfuerzos de crianza de tortugas las llevaron a un punto en el que se empezaron a reproducir por sí mismas, sin embargo, aunque ya no hay cabras, aún existen ciertos impedimentos para su recuperación al 100 %.
El desequilibrio causado por la introducción de las cabras resultó en un cambio en los químicos del suelo y ahora, sin cabras que coman la vegetación cada vez hay más arbustos y árboles que complican el crecimiento de cactus —mismo que de acuerdo con los expertos es vital para la dieta de las tortugas gigantes— y no sólo eso, sino que también estas plantas ahora complica que los albatroces de la isla tomen vuelo.
Foto: Shutterstock
De esta forma y en términos muy simples es posible ver cómo muchas veces la presencia humana y nuestras acciones pueden cambiar el destino no sólo de una, sino múltiples especies, sean animales o plantas, por lo que ahora queda en nuestras manos buscar las formas en recuperar las poblaciones y los hábitats de esas especies con las que la humanidad acabado todavía.
En portada: tortuga gigante en Galápagos. Imagen ilustrativa.
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