Al cumplir el sueño que tienes desde que eres niño te sientes en la cima del mundo. Lo que nadie te dice es que si estás en la cima lo único que queda es bajar. Y la victoria es dulce, pero al comenzar el descenso ese sabor se convierte en algo agridulce. Una nostalgia por lo que acaba de suceder, por regresar a un lugar familiar, dejar atrás el sentir de inmortalidad y felicidad insuperable. Así es como muchos se sienten cuando regresan de un viaje. El ‘síndrome del viajero eterno’ es como se le conoce. Suele darse mucho entre la gente que pasa largos periodos de tiempo en el extranjero y es que aunque amen su hogar, familia y rutina, regresar puede ser un duro golpe al que también se le conoce como Choque Cultural Reverso. La disparidad de lo que se dejó y a lo que se vuelve, las diferencias entre lugares, el regresar a una zona de confort que ahora se ve distinta, se pierde un sentido de seguridad que puede afectar desde lo mínimo, hasta convertirse en un problema serio.
Y vendrán cosas peores
Pasaste meses u años en otro país. Te transformaste, creciste, te enamoraste y te rompieron el corazón. Todo eso lo vivieron los demás, pero tú además luchaste por comunicarte con gente que no hablaba tu idioma, sobreviviste de formas que no quieres recordar en esos fríos días en los que no tenías dinero para nada y también pasaste las noches más solitarias de tu vida cuando lo que más extrañabas era a tus seres queridos en casa. Tuviste que madurar aunque no quisieras. Regresas a casa, recuerdas esos días de soledad y lágrimas en los ojos, pero al adentrarte en lo que fue tu rutina te das cuenta de que ahí es donde pertenece, en el pasado. Ahora no puedes ser como antes, mucho ha cambiado en ti y puede que estés emocionado por lo que viene, pero tristemente ves que el resto de la gente aún vive en el pasado, tu pasado. No encuentras la forma de regresar a lo que eras y te desconectas de muchas personas y situaciones. Cosas que antes te causaban gran placer ahora parecen estar relacionadas a una vida lejana y sabes que el cambio era natural, pero parece que todos cambiaron en sincronía y tú te desentendiste de todo.
El reflejo en el espejo
Tal vez puede suceder exactamente lo contrario. Regresas con ganas de visitar los lugares de siempre y hablar con esas personas que tanto extrañaste, pero después de años, todo ha cambiado. Ese bar ya está lleno de extraños y eso si tienes suerte y no ha sido demolido para dar paso a otro café orgánico. Tus amigos han cambiado, no se hablan desde hace mucho tiempo, algunos han terminado relaciones y otros puede que tengan hijos, la vida simplemente ha seguido sin ti y no encuentras espacio en la nueva era postviaje.
El viajero en busca de sentido
Tu viaje era para darte una nueva perspectiva o porque te sentías perdido. Encontraste lo que buscabas, pero al regresar te das cuenta de que te sientes aún más perdido que antes. Lo que encontraste en otras tierras no tiene sentido aquí y apenas si puedes con eso. Pronto comienzas a buscar un punto de apoyo, pero todo parece una película de David Lynch en la que nada está en orden y aunque el mundo sigue como si nada, sientes que lo observas desde la lejanía y ahí es cuando lo sabes: te convertiste en un extranjero en tu propio hogar.
Hello darkness, my old friend
Según Jorge Baruch Díaz, médico de la clínica de atención preventiva del viajero de la UNAM, la inestabilidad emocional y psicológica que ocurre en estas situaciones varía en cada caso. Él dice que hay gente que no sufre para nada, pero que otros no tienen la misma suerte y ésa nube gris parecida a la depresión puede acrecentar vicios como el alcoholismo o el tabaquismo. La sensación de no pertenecer a ningún lugar puede hacer que alguien se sienta miserable. Pronto comienzas a fantasear en otro viaje, otra ruta de escape, otro lo que sea que te saque de ese sentimiento de no moverte hacia ningún lado.
El viaje nunca termina
Baruch Díaz dice que se deben crear vínculos emocionales en cuanto regresas. Un consejo preventivo es que nunca pierdas contacto con distintas personas, pero también hay que generar hábitos que te ayuden a asentarte nuevamente. Por otra parte, Corey Heller del sitio Multilingual Living dice que aprendió que el viaje nunca termina; que no puede esperar los hábitos de sus amigos alemanes ahora que regresó a Estados Unidos, que no importa cuánto lo intenten en Seattle, nada será similar a un verdadero pub en las calles de Irlanda. Es cuestión de capturar la esencia de los lugares y experiencias y llevarlas contigo a todos lados, así podrás llamar hogar a cualquier lugar en el que te encuentres. **Para muchos la vida es un viaje, para los viajeros eso tiene otro sentido. Sin duda es difícil regresar a tu hogar, pero si encuentras una red de apoyo, refuerzas tus relaciones y siempre mantienes la cabeza fresca en busca del nuevo destino, verás que no habrá más crisis existenciales. Y es que hay cosas que sólo se aprenden al viajar, que nadie te puede decir a la perfección, pero de eso se trata todo, de lanzarte sin temor a lo que pueda suceder. *Fuentes
El Ibérico
Código Nuevo
Reforma
