Ensimismado era la palabra que utilizaba para describir a mi hermano antes de que saliera por la puerta de nuestra casa con una maleta en la que seguramente sólo pudo guardar una libreta a la que ya no le quedaban hojas, sus enormes audífonos y dos cambios de ropa. Lo vi salir por ahí un domingo en la mañana mientras nuestros padres estaban en el mercado. Cuando cerró la puerta sin decirme nada encontré un post it pegado en la madera que decía: “No se preocupen, regresaré”.
No me preocupé mucho, mi hermano nunca había sido muy valiente como para hacer algo aventurero. Lo más osado que había hechoa sus 22 fue cuando le confesó a su mejor amiga que estaba enamorado de ella. Todavía recuerdo cuando entró a mi cuarto a pedirme ayuda para decorar una caja de gomitas de lombriz que quiso regalarle. Ella lo rechazó y jamás volvió a hablarle; cosas como esa fueron las que terminaron por volver a Leo, mi hermano, una persona muy rara.
Pocas veces hablaba con alguien que no fuera su guitarra y cuando algo le daba risa se tapaba la boca como si le diera pena sonreír. Mi mamá lo molestaba porque se había dejado el cabello largo, a mi no me parecía una mala idea hasta que empezó a tener más melena que cara. Nunca salía con nadie y le mentía a sus amigos para no acompañarlos a los conciertos a los que ellos asistían todos los fines de semana. Jamás entendí por qué estaba tan enojado o triste y definitivamente nunca nadie imaginó que se atrevería a viajar solo y tan lejos como lo hizo.

*6 lugares en la Ciudad de México para encontrar tranquilidad a pesar del caos
Durante los meses que mi hermano no se apareció Leo se mantuvo en contacto conmigo, cada semana, a veces cada dos, recibía un mail nuevo. Cuando él no tenía mucho tiempo sólo me mandaba fotografías con una frase corta. Yo le prometí no decirle nada a mis padres, pues habrían sido capaces de tomar un avión para ir a buscarlo.
“Mel:
Estoy bien… muy bien. Perdón por no explicarte nada, pero me habrías pedido que me quedara. Te encantaría estar aquí; viajé a Costa Rica, sólo llevo 6 días en este lugar y ya me siento diferente. Ahora entiendo por qué dicen que éste es el destino más feliz del mundo. No he conocido a muchas personas, pero las pocas con las que me he topado jamás han dejado de sonreírme. Y es que es imposible que viviendo bajo el rayo del sol de las playas de Costa Rica dejes de hacerlo. Nunca he sido muy bueno en los deportes, pero por primera vez la belleza de este mar me motivó a intentar surfear en las olas de Playa Tamarindo.

El otro día acepté la invitación que me hizo la hija del dueño del hostal donde me hospedo ¿lo puedes creer? Yo, con una chica, en un lugar que no conozco. Fuimos con un guía a visitar el centro de la jungla, escuchamos el sonido de los ruidosos monos y buceamos entre manatíes y delfines. Ella se despidió antes de que acabara el recorrido porque tenía que llegar al hostal, pero yo me quedé un rato más para pensar frente a las Cataratas Nauyaca; nunca había sentido tanta paz conmigo mismo.
¡Un día vendremos juntos, te lo prometo! Leo”

Simplemente no podía creerlo, una semana de viaje había cambiado por completo a mi hermano. La siguiente noticia fue una fotografía de él en la selva tropical del Amazonas, en la nota que agregó que se encontraba exactamente en Perú y supongo que en las manos tenía la famosa Ayahuasca de la que muchos hablan. Se veía sonriente y por primera vez se había amarrado una pequeña coleta dejando su cara totalmente descubierta. No supe nada más de esa experiencia hasta que dos semanas después volvió a escribirme; así que investigué mucho sobre la sanación espiritual a través del ritual practicado en esa región.

“Chaparra:
Tuve que posponer este mail porque no lograba acostumbrarme al lugar al que llegué hace algunos días. Estoy en Hong Kong (no gastar en cinco años valió la pena) ¡esto es increíble! La isla es espectacular y el hormiguero humano en el que se ha convertido esta ciudad te hace sentir que nunca estás solo. Sabes cuánto odio las selfies, pero no pude evitar tomarme varias en el Monte Austin, todo se ve impresionante desde lo alto y nunca había sentido tanta libertad en mi vida. Hasta ahora sólo he tenido tiempo de visitar los mercadillos nocturnos en Kowloon, pero planeó visitar el Hotel “The Peninsula”, dicen que ahí venden los mejores cocteles del mundo. No recuerdo la última vez que me atreví a salir por la noche, mucho menos sin conocer a nadie.
No te preocupes por nada, un abrazo. Leo”

Las fotos que acompañaban cada correo me llenaban de felicidad y un poco de envidia. Como él lo describía, eran paisajes inverosímiles que sólo podrías creer ciertos estando ahí. Los días siguientes me mandó algunos mensajes cortos saludándome y dos semanas después me sorprendió con otro par de imágenes en las que sólo veía sus tenis gastados en la orilla y al fondo un paisaje azul y verde. Los pies de foto decían cosas como: “Barca en Islas Koh Phi Phi”, “Río del Parque Nacional de Khao Sok”, “Islote en la Bahía Ha Long”. Mi hermano había viajado a Tailandia y parecía que era el único en ese lugar, pues en la inmensidad del panorama no había nadie más que él.

*Consejos para viajar si eres un introvertido
“Mel:
“Falta poco para que regrese, los extraño, pero quisiera poder recorrer todo el mundo. Nunca había experimentado la soledad de esta forma, me adentré en las zonas más vírgenes de Tailandia y creo que justo en medio de la nada logré encontrarme. También conocí a personas increíbles, personas parecidas a mí; en Khao San Road se reúnen decenas de mochileros como yo, en los que cualquiera podría confiar ciegamente. Y en medio de Bangkok conocí a alguien muy especial, también vino a buscar algo que perdió hace tiempo.
Afortunadamente yo ya lo recuperé, te quiero. Leo”


A lo que se refería mi hermano era a la autoestima que en cierto momento olvidó en algún lugar. Lo que por años lo mantuvo en las sombras, algunos meses alrededor del mundo le devolvieron las ganas de recuperarse a sí mismo. Regresó siendo otro, mucho más fuerte, feliz y sabio, no ha parado de planear su próximo recorrido y asegura que esta vez podré ir con él, pues el viaje que debía hacer para recuperar su autoestima ya lo había logrado con gran éxito.
Entre las cosas que me contó Leo aprendí mucho sobre cómo evitar que un viaje de mochilero sea un fracaso y también me enseñó algunas razones por la que las personas que viajan son más creativas.
