La obra de Antonio de la Rosa se ha desarrollado durante al menos una década, cuando descubrió, durante un viaje por Europa, al artista austriaco Friedrich Hundertwasser (1928 – 2000), quien se dedicó principalmente a la arquitectura, realizando, en 1958, un contundente manifiesto contra el racionalismo desarrollado en esta disciplina.
Antonio gusta de la abstracción porque le permite profundizar sus sensaciones en el color. Su trabajo inicia realizando múltiples combinaciones con colores que, por cierto, nunca repite y siempre varían aún siendo mínima la distinción. Por ello trabaja en varias piezas de manera simultánea y deja que su sensibilidad se “comunique” a través de las formas del soporte que utilizará.
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La valoración y jerarquización que Antonio de la Rosa hace del color va más allá de una cuestión óptica, pues los colores impactan en el ser humano de manera física, perceptual y psicológica. Su efecto sobre los sentidos es digno de estudio, por ejemplo: los ojos forman el sentido que más motiva la conciencia, pero al cerrarlos se aumenta la conciencia cromática, por lo que la mente tiende a generar sonidos. El sonido “arroja” luz sobre nuestra experiencia y permite que el intelecto se libere.
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No podemos referirnos a la obra de este artista plástico sin tomar en cuenta que se inserta en la sinestesia cromática -término neurofisiológico- provocada por una determinada sensación de un objeto que parece “enviar” un mensaje, y de esta impresión sensorial el receptor la recibe de manera subjetiva.
Por esta razón su obra debe recibirse como un conjunto de experiencias y no como objetos terminados. Cada pieza cuenta con una historia propia, cada color se vuelve irrepetible, suena distinto y emerge de observaciones externas relacionándolas casi siempre con su interior.
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Hoy Antonio cursa la maestría de Artes Visuales en la Academia de San Carlos, y próximamente presentará su exposición en el espacio físico de Cultura Colectiva, CC186.
Sitio Web: Antonio de la Rosa
