El Matrimonio Arnolfini es una de las piezas más representativas del Arte Flamenco. Es una obra que aunque a primera vista no lo parezca, ha generado mucha controversia y especulación. Se trata de un retrato que, posiblemente, fue hecho por encargo para la pareja representada en cuestión; un matrimonio de adinerados italianos residentes en Brujas: los Arnolfini.

De estilo gótico flamenco, muy naturalista por ser fiel a la realidad, la obra de Jan Van Eyck (1390-1441) artista considerado como uno de los mejores pintores del Norte de Europa del siglo XV, sigue la línea de una representación analítica del espacio. Por ello se da un relato minucioso de todos los objetos y elementos que participan dentro de la obra. Por ejemplo, el candelabro central, está cuidadosamente elaborado, igual que el pelaje del perro.

La pintura es reflejo y copia leal de una escena cotidiana llevada a cabo en el interior de una casa de la burguesía. Además, esta obra es un parte aguas dentro de la historia del arte pues presenta elementos novedosos tales como la iluminación externa, que se mete en el interior de la obra y que alumbra, o la manera en la que el artista introdujo con el espejo al fondo, una imagen dentro de la imagen que representa a los personajes de espaldas, y a quienes están viendo la escena, cómo lo haría más tarde Velázquez en Las Meninas. El marco del espejo representa las diez escenas de la pasión de Cristo.

El retrato nos muestra al matrimonio en una actitud pasiva, sin celebraciones, sin poses ni gestos forzados. Los une el gesto de darse la mano. La obra nos da la impresión de un ambiente muy hogareño que se hace más evidente con el detalle de las pantuflas del hombre, y el perro a sus pies representa la fidelidad en la relación. En primera instancia, pensaríamos que se trata de una pareja acaudalada en vísperas del nacimiento de su primogénito, siendo la mujer considerablemente más joven que él. Pero una mirada más atenta, nos hace darnos cuenta que el vuelto en el estómago de la mujer, lo provoca ella misma con los pliegues de su vestido.

Este detalle ha sido interpretado como que la pareja nunca tuvo hijos, y que la imagen es en realidad un exorcismo, por los monstruos que aparecen detrás de las manos. Como si por haberse casado con una quinceañera, Giovani di Nacolao Arnolfini hubiera recibido el castigo de la esterilidad.

Fuera de todas las especulaciones que giran al rededor de la verdadera historia de esta representación, Van Eyck ayudó a hacer de esta obra un documento de la pareja, de sus posesiones y riquezas. Más allá de dejar un legado de su amor, la obra nos habla de los propósitos terrenales de la pareja; las naranjas a la izquierda seguramente importadas, la rica alfombra sobre la que están parados, los opulentos muebles, y la extravagancia de los ropajes y sus telas. Todo esto se remata con el recurso de la inclusión del espejo mencionado anteriormente; espejo convexo que nos habla de la destreza técnica y maestría del artista.
