Sólo al pronunciar el dolor es posible que desaparezca:
El dolor de mi corazón desaparece
justo cuando llegaste aquí.
Trae las memorias del niño que florece
y yo me ocuparé del sentimiento ahí.

Sé que es difícil confiar en alguien
cuando puede ser una ilusión tuya,
lo único que quiero es que se vaya
el desastre que dejaron en ese andén,
en el que transitaba sin preocupación,
en el que ahora quedó en desolación.

Aparta el dolor,
yo me ocuparé de lo demás,
necesito que tu milagro le dé sabor
a esta vida en la que derramé lágrimas.
Siempre he buscado a alguien como tú,
no decepciones esta esperanza,
así que por favor dame lo que necesito de ti
y todo florecerá.

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Los poemas tristes también nos ayudan a superar aquello que nos duele, como el siguiente: “Mis caricias deambularon por tu piel y se perdieron junto al eco de mis besos”.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Matt Ferr.
