Me arrepiento de las dietas: la lujuria y la gula son necesarias para la felicidad

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por enero 23, 2023
Me arrepiento de las dietas: la lujuria y la gula son necesarias para la felicidad
Me arrepiento de las dietas: la lujuria y la gula son necesarias para la felicidad

“Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana”.

Este fragmento del libro “Afrodita: cuentos, recetas y otros afrodisíacos” de Isabel Allende abre la puerta a un camino inexplorado para algunos y recurrente para otros, y desde aquella entrada se alcanzan a divisar reglas rotas, deseos cumplidos, relatos placenteros, cuentos detonantes de encuentros íntimos, recetas y otros afrodisíacos. Despiertan los vientres vibrantes, surge el deseo de trasladarse de las páginas a la experimentación, del estudio a la cocina y, posteriormente, a la cama; del pudor a la lujuria y del temor a la pasión; o, al menos, se genera cierto palpitar en el pecho y cosquilleo en la garganta a los que vale la pena prestarles atención.

Cuando amar y comer se mezclan en el mismo recipiente es imposible no hacer maravillosos desastres. La suma entre lujuria y gula da como resultado un placer carnal intenso que “gozado sin apuro en una cama desordenada y clandestina, combinación perfecta de caricias, risa y juegos de la mente, tiene gusto a baguette, prosciutto, queso francés y vino del Rhin”. Es una mezcla inmejorable, la combinación que todos deberíamos aplicarle a la vida para ser un poco más felices. Relajar los músculos, abrir las papilas gustativas, ensuciar las sábanas con especias, fluidos, salsas y amor; encontrarle el punto exacto y la dicha potencial a dos de los pecados capitales más tentadores y sabrosos; esas experiencias que no se le deberían negar a ningún ser humano.

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Allende, en su libro, no escribe un manual más entre la cantidad exorbitante que ya existe de culinaria o sexualidad, sino que plantea una posible ruta hacia la desinhibición del cuerpo, la búsqueda y la experimentación de los sentidos más profundos e instintivos. Al ser un camino contingente posibilita que el lector se dé el gusto de improvisar frente al fogón y sobre la cama, o cualquier otro lugar imaginable permitido y vedado para desarrollar prácticas amatorias.

Para nadie es un secreto que las prohibiciones son atractivas, y si se asume que la glotonería conduce a la lujuria y la perdición del alma, la primera se convierte, automáticamente, en un imán que atrae con fuerza a cualquier ser humano —incluso a los que ansían llegar al paraíso—. “Por eso luteranos, calvinistas y otros aspirantes a la perfección cristiana comen mal”, están muy ocupados luchando contra la tentación como para permitirse disfrutar de la buena mesa, las vitaminas y minerales que ofrece el cuerpo amado, deseado, desnudo y dispuesto.

La especie humana es la única capaz de descubrir fácilmente métodos para alcanzar la felicidad —postres, susurros sensuales, alimentos grasosos y caricias bien puestas son tan sólo algunos ejemplos de ello— y, al mismo tiempo, encontrar toda suerte de teorías y leyes tanto políticas como morales, que truncan el gozo por aquellos descubrimientos placenteros. De esta forma fue que comer rico, amar bien y sentir placer pasaron de ser fines en sí mismos a vicios que, posteriormente, deben ser expiados. Orgías y cenas descomunales, en las que los comensales vomitaban para volver a comer, eran prácticas habituales en fiestas organizadas por las clases altas en Grecia y Roma. Una reunión similar en el presente sería severamente castigada y señalada como aberrante.

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Entre sus páginas, relatos místicos, fantásticos e históricos, anécdotas de la autora y una extensa diversidad de elementos literarios, “Afrodita: cuentos, recetas y otros afrodisíacos expone que la gula y la lujuria son los “únicos pecados capitales en los que cabe cierto estilo…”, ya que pueden llegar a extraer a una persona de la más profunda tristeza. Fueron los sueños sobre comida, por ejemplo, los que le devolvieron los colores a Allende después de atravesar por el duelo de perder a su hija Paula. Fantasear con comida en las noches y despertar junto a su pareja para depositar en ella sus antojos, hicieron que retornara a su vida los deseos de comer y retozar. ¿Qué no podría hacer la comida y la pasión en un mundo de altibajos, penas y decepciones?

Este es un libro de afrodisíacos y emociones fuertes, pero también abre la puerta a diversas reflexiones; por ejemplo, el hecho de que la represión, la duda, el temor y el arrepentimiento puede generar estrés, malas energías y desinterés en la existencia de los seres humanos. Desde las páginas de “Afrodita: cuentos, recetas y otros afrodisíacos” es posible cuestionarse si un buen cimiento en un relación —y no sólo conyugal—, no es construido desde el perfecto equilibrio entre erotismo y buena comida, si las incansables dietas y el pudor excesivo, así como la televisión y el agotamiento común, no terminan convirtiéndose en antiafrodisíacos que ejecutan cualquier atisbo pasional. Si se pudiera dibujar un mapa del amor y el apetito, tendría límites difusos; ambos compartirían territorio en igual medida con el placer de vivir, la felicidad, la autoestima y la sensualidad.

Las prácticas amatorias y culinarias podrían convertirse en dos de los mejores caminos para alcanzar la añorada felicidad vital y, a pesar de que las prohibiciones son muchas, también es mucha la inspiración como para dejarse cohibir por “los achaques de la existencia, el furor de los años, la torpeza física o la mezquindad de oportunidades”. Si la gente dejara de arrepentirse por quedar con el estómago repleto de deliciosos platos y el cuerpo hinchado de tanto querer, la sociedad se ahorraría mucha literatura persuasiva similar a este libro. Quizá sea esta la razón por la cual en el mundo aún se inventan reglas para romper.

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Entonces cuando exista vacilación de arrancarse la ropa interior o de ingerir una cantidad “inapropiada” de calorías, es aconsejable recordar que está completamente permitido comer y amar:

“Hasta que el alma se eleva en suspiros y se renuevan las virtudes más recónditas de nuestras aporreadas humanidades, […] barriendo de un plumazo la fatiga de tantas pérdidas acumuladas en el viaje de la existencia y devolviéndonos la sensualidad incontenible de los 20 años”.

Hasta que el cuerpo quede satisfecho y se sienta alivio en el corazón, el oscuro túnel de la angustia y el peso de las responsabilidades desaparezca para ser reemplazado por la colorida inmensidad del placer escuchado y el deseo cumplido.

El placer de la comida - me arrepiento de las dietas: la lujuria y la gula son necesarias para la felicidad

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Si no te basta con este libro para comenzar a disfrutar de los placeres de la vida, quizá este texto te ayude: “Aquel sofá y aquella cama fueron testigos de batallas pasionales”.

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