Este poema tocará tus entrañas para suspirar de nostalgia, continúa leyendo…

Te has preguntado por qué llegó a tu vida, con qué derecho vino a sumergir su mano en tu interior para revolverlo todo, cómo es que sin darte cuenta ya no había retroceso y, peor aún, ya no precisabas regresar.
Vislumbraste un camino en el que era él quien te miraba con ternura para besarte la sonrisa, y le entregaste desnuda y sin mesura la expectativa enamorada, aún antes de recibir una razón y te inmutaste entre el tumulto de preguntas que te despertaban de madrugada con el afán de ver algo suyo en tu habitación.

Desde entonces te preguntas por qué le permitiste llegar tan lejos, meterse al fondo, tan cerca del amor.
Te sentiste intranquila, con la marcha fúnebre de los besos que reclamaban morir en su espalda, tumbarse en su quijada, vivir en sus días de gloria, tenerlo en tu costumbre y dormirte en su hábito; se te escapó el amanecer sin llegar a la merienda.

Viste frente a ti tus planes demolerse y cayó ante tus pies la miseria de su huída.
Te quedaste con la mueca, inconforme, disminuida en amor, porque tan dentro se metió que dejó cerrada el alma, ya no querías que fuera alguien más y a quien llegaba le buscabas en la sonrisa rastros de aquel.
No hubo vuelta atrás. Te enamoraste y eso es caro; te enamoraste y se paga, enamorada.
**
Los corazones rotos se curan con paracetamol y catársis, sal y recuerda que podrías estar haciendo otras cosas más interesantes que enamorarte, aquí te decimos como cuales.
**
Las imágenes que acompañan el texto pertenecen a la artista Laura Zalenga; conoce más sobre su trabajo aquí.
