Te presentamos un poema para desprenderte de las ausencias:
No llores por mí.
Ya no hables de las cosas que faltaron por hacer,
no me digas esas cosas que en vida, aunque quise,
no pudiste articular.
No hace falta que me llenes de rosas,
ni de flores, mucho menos de girasoles que ya no podré tocar.

Y que, lamentable, sólo sirven para apaciguar el dolor que ustedes —vivos— aún sienten.
Alguien una vez me dijo: “mientras más flores le lleven a un muerto es porque la culpa de los seres cercanos es inmensa, si no procuraron, el resultado es el lamento y buscan una forma de remediar, aunque tarde, todo eso que no hicieron”.
No llores por mí.

No te mientas, ya no digas que cambiarías media vida por tenerme. Porque, te recuerdo, es esa misma vida que estuve y no notaste ni por poco mi presencia.
Si de algo te consuela, no guardé ningún rencor. No tuve fácil la vida, pero amor no me faltó. Y al menos, mi memoria, en la gente que me quiere, yo seguiré siendo eterna.

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La soledad no es mala, a veces es necesario tener momentos en los que sólo nos tengamos a nosotros, pues de esta manera nace la reflexión y nos podemos conocer más, por eso “Soy libre. Estoy viva. Y me desnudé en el frío como loba”.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Angie López.
