La clismafilia es la práctica sexual donde, quienes la realizan, sienten un intenso placer con lavativas; la introducción de líquido inyectado por el ano que, generalmente, se usa para fines terapéuticos o clínicos. Esta parafilia es muy poco conocida y la escasez de su exposición puede deberse a su extrañeza, sin embargo, ha sido una práctica recurrente desde hace siglos.

Al menos eso podemos ver en las ilustraciones de Martin van Maële, un artista gráfico de comienzos del siglo XX que nos muestra el lado de la sexualidad más escondido y al mismo tiempo, más intenso, sucio y descarado. A pesar de ello, muy poco se conoce de su vida. Sabemos que nació en 1863 en Boulogne-Billancourt, Francia y que se casó con Marie Françoise Genet (tía de Jean Genet, escritor y poeta francés). Nada más que eso.


Sin embargo, lo que que sí conocemos ampliamente es su trabajo, mayormente gracias al álbum de grabados La danza macabra de los vivos. Estas ilustraciones retratan la transición de siglo en Europa; el siglo XIX estaba terminando y con él se desarrollaban enormes revoluciones en el ámbito industria. El mundo estaba pasando por cambios convulsos y las personas que lo habitaban, también. Encontrándonos grandes contrastes entre sus ideas pasadas y los enormes cambios de pensamiento que implicaba el nuevo siglo.
La sátira (que es una composición en verso o prosa que busca censurar o ridiculizar a alguien o algo) era el medio del que este artista se servía para revelar los oscuros secretos de la clase alta francesa. La sexualidad y la religión, que gracias al cristianismo se han pensado como antagónicos, se presentan como los elementos principales que, de manera humorística, critican implacablemente.


Los elementos eróticos no se presentan de una manera sutil ni discreta; explotan en primer plano, ocupan el lugar principal. Los enormes penes parecen tener vida propia y los personajes sólo sujetos pasivos ante el imperio fálico. Existe aquí un aspecto notorio: pese a que hay ilustraciones de mujeres teniendo sexo con otras, resalta el elemento masculino por donde quiera que se le mire. Este es el elemento preponderante. Muy probablemente esto nos hable del hombre como sujeto de placer y a la mujer como un simple objeto de goce. Además, son continuamente retratadas el relaciones zoofílicas.

La ironía con la que los finos trazos de Van Maële nos revelan el pasado, implican distintos significados; entre ellos, que el exceso de pudor casi siempre trae consigo un ocultamiento de deseos indómitos.
Aunque también ilustró otro tipo de trabajos, las historias en las que se especializó mayormente fueron las de corte sadomasoquistas. Entre sus colaboraciones se encuentran piezas hechas por encargo de H. G. Wells para Los primeros hombres en la Luna, algunas ilustraciones de novelas de Sherlock Holmes y portadas de poemarios de Paul Verlaine. Así como imágenes complementarias de textos de Choderlos de Laclos, Michelet, Diderot, Pietro Aretino, Charles Sorel y Pierre Mac Orlan. Muchos de estos libros se imprimían sólo por decenas, debido a la censura que tenía todo material que no se adecuara a la moral permitida.





La sexualidad y sus múltiples manifestaciones son un elemento constante desde siempre. Probablemente, los textos eróticos tengan una carga subversiva por sí misma, sin embargo, las ilustraciones agregan un valor gráfico que es imposible de ignorar y que dan al libro un valor extra.
El arte puede manifestarse en todas partes, desde portadas de discos hasta una invasión alienígena hecha pixeles.
