
Tengo un don para olvidarme,
tergiversar miradas y aventarme sin alas.
Tengo talento para la falsa esperanza,
rota ilusión bien formada.
Talento para reunir mi universo y prenderle fuego,
blanca broma a ojos de escépticos,
como roces con púas que antes eran brotes
y la agonía, la agonía inocentemente perdida.

Soy sincero y esto es más penitencia que pecado,
tiempos canallas donde se respiran críticas
y le llueven navajas a los soñadores.
Tengo talento sordo para entregarme pronto.
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Si aún quieres seguir llamando a la nostalgia, podrías revivir el momento en que el olvido ganó la batalla, pero recuerda -con ayuda del siguiente poema- que amar es también salvación.
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Las imágenes que acompañan el texto pertenecen a Bryan Durushia; conoce más sobre su trabajo dando click aquí.
