Sí, es tan incómodo como suena: Sin Díaz Ordaz no existiría uno de los personajes más icónicos de Chespirito

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por junio 18, 2025
La bioserie de chespirito reveló un dato muy oscuro sobre su universo.
La bioserie de chespirito reveló un dato muy oscuro sobre su universo.

La nueva bioserie Chespirito: sin querer queriendo tocó un nervio que nadie esperaba. En su segundo episodio, retrata el año 1968 no como telón de fondo, sino como detonante emocional e ideológico de uno de los primeros personajes de Roberto Gómez Bolaños: El Ciudadano Gómez. Pero detrás de ese personaje “noble” y “apolítico” hay una verdad que la serie apenas roza: el humor más blanco de la televisión mexicana nació en uno de los momentos más oscuros del país.

El Movimiento del 68, Díaz Ordaz y un personaje de Chespirito que pocos recuerdan

La serie no menciona directamente la represión, ni a Gustavo Díaz Ordaz, ni la Masacre del 2 de octubre. Pero están ahí. Aparecen entre líneas: en los noticieros que ve Roberto, en la tensión de las escenas, en la necesidad de encontrar una forma de hablar… sin decir demasiado. Porque sí, Chespirito era sobrino del mismísimo Díaz Ordaz, y esa relación familiar atravesó toda su carrera, incluso cuando él prefería no hablar de política.

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Y sin embargo, ahí está El Ciudadano Gómez, un personaje que usaba el humor para señalar la corrupción, la burocracia y los abusos del poder… justo cuando la televisión mexicana estaba más vigilada que nunca.

El contexto importa: 1968 no fue cualquier año

Mientras el país vivía protestas estudiantiles, represión militar, censura y miedo, Roberto Gómez Bolaños debutaba con su primer guion en Canal 8, justo el mismo año en que México organizó los Juegos Olímpicos y escondía sus muertos debajo del podio. Su decisión de hacer comedia sin violencia, sin gritos, sin vulgaridad, no fue inocente. Fue su manera de resistir… o de esquivar.

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En la serie, vemos cómo los ejecutivos del canal le exigen un tono más “fuerte”, más “atrevido”. Y él se niega. Elige la ternura (problemática o no), el juego, lo absurdo. Elige no responder al odio con más odio, aunque eso también implique callar.

 

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El Chavo y el Chapulín nacieron después, pero la semilla fue esa

Antes del barril, antes de los “no contaban con mi astucia”, Chespirito necesitaba inventarse una voz. Y lo hizo con un personaje que hoy casi nadie recuerda. Pero sin ese primer intento, no habría existido el resto. Su comedia fue moldeada por ese contexto: la represión afuera, la autocensura adentro.

Por eso resulta tan incómodo pensar que el humor blanco mexicano surgió del silencio más brutal de nuestra historia moderna. No fue casualidad. Fue una respuesta (cómoda, tibia o valiente, según se mire) a una época insoportable.

¿Y qué dice la bioserie?

Chespirito: sin querer queriendo, producida por su hijo Roberto Gómez Fernández, sugiere que esa comedia amable fue una forma de sobrevivir al clima político, sin confrontarlo directamente. Una estrategia para protegerse, proteger a su familia y, de paso, construir un emporio mediático. Porque sí, el silencio también construye poder.

La serie no se atreve a decirlo con todas sus letras, pero lo insinúa: la carrera de Gómez Bolaños empezó cuando más difícil era hablar, y por eso eligió reír sin gritar.

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Aunque Chespirito apoyó abiertamente a figuras conservadoras como Vicente Fox y se manifestó contra movimientos como #YoSoy132, sus primeras creaciones tienen un eco muy distinto. Tal vez no quiso ser político, pero lo fue. Tal vez no se enfrentó a su tío, pero tampoco siguió sus pasos. Y tal vez no quiso incomodar, pero lo hizo: porque seguir haciendo reír en medio del horror también incomoda.

La historia de la comedia mexicana no puede contarse sin 1968. Y la historia del 68 no puede contarse sin los silencios que vinieron después. Uno de ellos se llamó Chespirito. Nos hizo reír, sí. Pero también nos hizo olvidar por un rato. Y ese “ratito” todavía nos dura.


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Alan Cruz

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Me gusta el cine dependiente. Hablo de cine y cosas.

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