¿¡Cómo que Katy Perry ya anda dateando ya con Justin Trudeau!? No han pasado ni tres semanas desde que se confirmó su ruptura con Orlando Bloom, y ya la vieron con el ex primer ministro canadiense.
Como les informamos aquí, todo parece muy casual: Una cena en Montreal, su presencia en su concierto, un paseo con el perro. Sin embargo, fue suficiente para que Internet arme una narrativa.
Y sí, puede que haya algo. Pero lo que me sorprendió fue la reacción colectiva. La velocidad con la que asumimos que si una mujer ya está con alguien más, entonces no sabe estar sola o quizá ya andaba viéndose con alguien más.
Porque cómo es posible, ¿no?, pasar página tan pronto.
Como si las relaciones fueran películas que terminan cuando aparecen los créditos, y no procesos largos, confusos y muchas veces invisibles desde afuera.
Ahí fue cuando pensé en mí
Tengo 35 años y hace seis meses terminé una relación de diez. Sí, una década. Y hace tres meses empecé a salir con alguien.
No fue planeado. No estaba buscando nada. Y si me preguntan si es “la persona”, no lo sé. Pero estoy tranquila. Me siento bien. Hasta me sorprende lo rápido que ha pasado todo. A veces me da culpa. O rabia. Especialmente porque ya escuché el rumor de que “él fue el motivo”. Que lo dejé por otro. Que ya estaba todo cocinado.
Y además, claro, está la otra crítica: “No sabes estar sola.” ¿Sola? Llevaba meses —si no es que años— sola en esa relación. Sola mientras él estaba ocupado con todo lo demás: su trabajo, sus amigos, sus pendientes, sus prioridades. Sola con mis dudas, sola con mis ganas, sola con mis intentos. Sola al lado del señor todo es más importante menos tú.
Así que no me vengan a decir que no sé estar sola. Porque estuve sola incluso cuando tenía una mano que me sostenía para la foto.
Y además hay algo que no decimos lo suficiente: muchas veces, las mujeres empezamos a vivir el duelo dentro de la relación. Mientras todavía estamos ahí. Mientras seguimos lavando platos juntos y deseándonos buenas noches. Mientras todavía subimos fotos en pareja. Nosotras ya estamos llorando por dentro. Ya estamos soltando. Ya estamos entendiendo que no va a cambiar.
Y cuando por fin nos vamos, la gente ve solo el final. Pero no ve el proceso. No ve los mil pequeños momentos en que algo se rompió. No ve las veces que intentamos y no funcionó.
Así que no, no me fui “de un día para otro”.
Y si me ves sonriendo con alguien más, no pienses que fue rápido. Fue largo. Fue lento. Fue triste. Fue honesto. Solo que pasó antes de lo que los demás vieron.
¿Les suena esto?
