El atascadero de Tomás Urtusástegui

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El atascadero de tomás urtusástegui
El atascadero de Tomás Urtusástegui

EL ATASCADERODe Tomás UrtusásteguiDirección: Mauricio SomuanoCasa Actum

1 - el atascadero de tomás urtusástegui El cielo caía a gritos y los charcos volvían a levantarse con gemidos en las calles. Empedradas, hundidas y flotantes las piedras enterradas bajo el agua acumulándose sin interrupción. Hasta que ante mi vista se apareció, como una revelación de aquél diluvio, la puerta de Casa Actum. La lluvia proseguía pero yo ya me encontraba en primera fila. Antes de la obra una conferencia de prensa con Mauricio Somuano, Victor Parra (productor), Kalder Castañares (director general de Casa Actum), la actriz María Teresa Garagarza y el maestro Tomás Urtusástegui, quien nos habla de las motivaciones del presente monólogo. La pérdida de tiempo para trasladarse de un lugar a otro y la pluralidad de sucesos en el hoyo negro del tránsito. Partos, muertes, odios y hasta la consumación del amor en un coche. Lo que sucede por esa pérdida de tiempo y la adaptación de dicho tiempo mientras uno se encuentra atrapado en el tráfico. Aunque escrita originalmente para un personaje varón, Urtusástegui redimensionó las posibilidades dramáticas de su texto luego de su escenificación por una actriz en la Universidad Iberoamericana. Surge, entonces, Lady Periférico. Tercera llamada. Una mujer adinerada, con vestido de jaguar, viaja en su lujoso vehículo al ritmo de una canción de moda; pintada y muy arreglada de su cabello castaño claro recién salido del salón de belleza. Bebe de un vaso con popote que acompaña el tintineo de sus joyas y accesorios, hasta que el tráfico se detiene y con él su buen ánimo. Culpa a los nacos por sus vejestorios de autos, a quienes deberían impedir su acceso en el periférico. “México es el único país donde esto sucede”, se dice a sí misma. “En Nueva York y Londres nunca ha de pasar”, se sigue diciendo con aparente sinceridad. Entonces el Apocalipsis: olvidó el celular. “¡Sin mi celular estoy sola!” ¿Quién es esta señora? La esposa de un político.

Se queja de las quejas y concluye que toda la culpa la tiene “esa prole que se la pasa quejándose de todo pero que no hace nada”. Y los periodistas resentidos, pero nunca los políticos ricos. “Nosotros no tenemos la culpa, sino los nacos”, dice asociando dicho concepto con el ruido. “Entre más naco más ruido”, comiendo, mascando chicle, bailando. “Entre más fuerte el ruido, mayor su diversión”. Sus quejas se pierden por la constante pasividad del tráfico y la preocupación por la hora. Va a la celebración de un bautismo y se queja que no sea en la noche. Luego reflexiona en su cuerpo y se pregunta cuántas veces su marido le ha visto las nalgas. “Muy pocas.” ¿Y cuántas veces las ha tocado, estrujado y agarrado? “También muy pocas veces”, dice lamentando. Se pregunta quién fue el idiota que hizo el periférico, “pero el que hizo el segundo piso es doblemente idiota”. Emerge el oscuro deseo de incinerar a todos los autos viejos y ancianos pero de inmediato se arrepiente. “¡Ay perdóname, Diosito!”
Un par de jóvenes se ríen de ella por hablar sola y su imaginación explota en la posibilidad, y temor erótico, de ser violada por ellos. Se resigna a la imposibilidad de evitar dicha posibilidad y espera a que simplemente suceda lo que tenga que suceder. “Como los cristianos en el Coliseo romano”, y entonces le viene un retortijón. La pesadilla de ir al baño, sin embargo y por fortuna, sólo era un pedo atorado. Reflexiona en la relación con su marido y la falta de sexo ardiente cuando descubre por el retrovisor una pareja de jóvenes amarse completamente. Juicio moral mezclado de envidia. “Le está mordiendo la Chichi y ella a todo gusto”, se dice mientras surge en sus recuerdos la invitación de su amiga Conchita para ver strippers. “Voy a ir, sólo desde un punto de vista sociológico”, argumenta cuando pasa un helicóptero y ella se la mienta. “¡Como si pudieras hacer algo!” La rabia ha ascendido y ahora su frustración se desquita con el automovilista de adelante, quien se baja de su auto para abrir el cofre. “El naco lo abre como si supiera de mecánica. Y parece que trae animales”, dice segundos antes de descubrir, con sorpresa, que son niños. Y subraya con su látigo de Lady: “Cinco futuros nacos, cinco futuros mojados, cinco hijos del naco gordo, prieto y chaparro, ¡por eso estamos como estamos!” Entonces vuelven los retortijones. La pesadilla regresa y el sufrimiento la pone de nuevo en la tierra. Se muere, se duele, grita, se tuerce y se retuerce. El mundo anteriormente juzgado se convierte en juez en un solo grito. El tráfico avanza durante el clímax y, en cierta forma, ese también es el clímax. “Primera comunión, ¡ahí vamos!” El trabajo de María Teresa Garagarza es ascendente y liberador, atrevido y explosivo mediante la calidad, fluidez y autenticidad del texto de Urtusástegui y la dirección certera de Mauricio Somuano. La Lady periférico es como uno de esos espejos del México que se niega a sí mismo.

Aplausos ***El atascadero se presentará todos los viernes, a las 9pm, en Casa Actum (Héroes del 47 no.9 Col. San Diego Churubusco Del. Coyoacán). Hasta el 3 de julio.

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