https://www.youtube.com/watch?v=1-72NG2VpDM
Abrazar lo desconocido ha sido una de las fijaciones que ha experimentado el hombre desde tiempos inmemoriales; sentir que puede arrojar la mirada del conocimiento sobre aquello que se mantiene oculto es una necesidad que ha tenido que encontrar muchos modos de representación. Hace algunos años, cuando el mundo entero se hallaba en la enajenación de conquistar tierras más lejanas que las que habitaba, los poderes políticos, económicos y culturales se alistaron para una carrera que significaría la conquista tecnológica, científica y humana de lo lejano, de lo extraterrestre.
A la par del nacimiento del cine, se engendró la posibilidad de llevar a la imagen eso que sólo era palpable en sueños; el viaje a la luna y el encuentro con seres fantásticos fueron el primer paso para plasmar lo distante (“Viaje a la luna” de 1902 y “Excursión a la luna” de 1908), aunque décadas más tarde y con la competencia entre Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Soviética como primer plano real para una colonización espacial, la puesta en escena de lo galáctico se plantó en otro tipo de imaginario: el que mostraba al hombre en concordancia perfecta con la vida fuera de este planeta.

El marco combativo en el que se vieron inmersas las potencias mundiales tuvo como uno de los resultados la realización fílmica de programas ideológicos que fueron directo al corazón y al imaginario del público. Primero con la visualización de ovnis, pequeños seres verdes o antropomórficos vestidos de plata, herramientas de avanzada instrumentalización e intenciones malignas de batalla interplanetaria, estos elementos del cine serie B se convirtieron rápidamente en filmes que reflexionaron sobre las fronteras y relaciones del hombre con el progreso, la invención y su carácter de humanidad, tanto inmanente como trascendental (“2001: Odisea del espacio” de 1968 y “Solaris” de 1972).
Estas películas produjeron no sólo una visión política como lo tenían planeado, sino una compleja estructura ficcional que derivó en uno de los géneros más amados de la pantalla grande: el cine de Sci-Fi, ese que arroja al ser humano en la inclemencia del universo, un lugar que guarda terrores y seducciones a la vez.

Desde aquellas que se notan más apegadas a nuestra realidad hasta esas otras que juegan con todas las posibilidades de lo real, las siguientes cintas son parte de nuestro ser, de nuestra cultura global, como esas representaciones que hacen factible cualquier fantasía y cualquier deseo de ir más allá, de escapar o descubrir. Son filmes que al intentar una impresión plástica de lo que sería el futuro, hoy son esa enciclopedia cinética que profetizó nuestro presente/futuro y le dio un rostro a las expectativas de nuestros predecesores.
“2001: Odisea del espacio” (1968), Stanley Kubrick

“Estoy cansado de sentir como el tiempo se me va”.
Un filme que se destaca por el profundo discurso antropológico del descubridor y el habitante, personajes que conjugan a la perfección una problemática que comprende los conceptos de inteligencia y evolución en la trama, modificando nuestra percepción del porvenir.
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“Apollo 13” (1995), Ron Howard

“Houston, tenemos un problema”.
Esta película aborda de manera inteligente un evento real en la medida que cabe para plasmar las preocupaciones y los riesgos que representa el deseo por romper las barreras de nuestro mundo.
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“Star Wars” (1977), George Lucas

“Un estremecimiento en la Fuerza… la última vez que lo sentí fue en presencia de mi antiguo maestro”.
George Lucas podría ser uno de los grandes genios de nuestra era por su mitológica y política visión de un futuro que supone seres diversos y el ejercicio del poder ya no sólo en un planeta, cambiando nuestras esperanzas hacia un futuro cada vez más reluciente.
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“Gravity” (2013), Alfonso Cuarón

“Es bastante aterrador estar sin ataduras aquí, ¿no es cierto?”
Esta visión un tanto realista en cuanto al manejo e intereses de sus protagonistas, muestran el impacto y consecuencias de gobiernos, tecnologías y faltas de precaución en la seguridad (física/psicológica) del humano.
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“Alien” (1979), Ridley Scott

“Nunca debimos haber aterrizado aquí. Nunca debimos haber aterrizado en este globo”.
Quizá la obra máxima de Scott. Una vuelta más a ese viejo pero siempre vigente terror por hallar criaturas que nos amenacen como especie. Este alien marcó la pauta para todos los subsecuentes intentos galácticos por destruirnos.
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“E.T.” (1982), Steven Spielberg

“Él vino a mí… él vino a mí”.
Una de las piezas clave para entender la vida alienígena no como una amenaza, sino como una posibilidad igual de vulnerable que nosotros. Una propuesta abierta más a lo que hoy concebimos como foráneo al planeta que habitamos.
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“Solaris” (1972), Andrei Tarkovsky

“Como todas las marionetas, crees que eres humano. Es el sueño de toda marioneta. Ser humana”.
Mal nombrada en ocasiones como la contrarrespuesta rusa a la obra de Kubrick, esta película aborda el conflicto (interno y externo) del hombre que afronta lo desconocido en un tinte bastante dramático.
https://www.youtube.com/watch?v=R4vSPEDxGic
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“Outland” (1981), Peter Hyams

“No malinterpretes esto. Yo no estoy mostrando carácter. Es sólo demencia temporal”.
Con la premisa de un hombre capaz de vivir fuera del planeta Tierra, este filme traslada la explotación y el utilitarismo de la raza humana a una luna de Júpiter, lo cual nos hace pensar que esto se acerca cada vez más, y cómo es que ejerceremos una ética y una política que abarque al universo.
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“Silent running” (1972), Douglas Trumbull

“No hay más belleza y no hay más imaginación. No hay más fronteras por conquistar”.
Esta película retoma ese sentimiento humano de amor y respeto ante la vida como una encrucijada conflictiva que contrapone la obligación moral del hombre y sus deberes políticos. Un conflicto que se adelantó a su época y hoy bien podría ser retomado por el hombre ecológicamente responsable.
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“Dark Star” (1974), John Carpenter

“En el principio había oscuridad. Y la oscuridad estaba sin forma y sin contenido”.
La inteligencia artificial y la voluntad del hombre se sitúan en esta producción como una profecía que hemos temido durante mucho tiempo: la destrucción propia a partir de un absurdo deseo por gobernarlo todo.
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“Prometheus” (2012), Ridley Scott

“Las cosas grandes tienen comienzos pequeños”.
Scott logra con esta filmación una génesis científica y casi mitológica del hombre, dotando de total ficción el aparecer de la raza terrícola en el universo y su papel en un plan maestro que juega con el avance científico y una presencia de carácter demiúrgico.
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“Encuentros cercanos del tercer tipo” (1977), Steven Spielberg

“No estamos solos…”
Una de las más representativas visiones de lo que significa hallar otro ser fuera de nuestro espacio vital. Esta película no sólo dio forma, sino sonido y sentimiento a la visita de seres extraterrestres.
Al día de hoy, tras un paso fugaz por el retrato catastrófico del hombre en el universo distante y malos proyectos fílmicos, el cine del espacio vuelve la mirada a alternativas que conjugan el paso del hombre con variables de mayor tendencia a la filosofía y al suspenso (“Interstellar” de 2015 y “Gravity” de 2013), dándonos material de sobra ya no sólo para los enigmas que guarda la galaxia, sino el humano en sí.
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