De tal padre, tal hijo: el tiempo que dejamos pasar

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De tal padre
De tal padre

¿Es la perpetuación de la sangre compartida lo que hace a un hombre ser padre? ¿O es el tiempo que padre e hijo pasan juntos? ¿Es la sangre o es el tiempo? Estas son las preguntas que plantea Hirokazu Kore-Eda en su más reciente película De tal padre, tal hijo –Soshite chichi ni naru – (2013), una reflexión contemporánea en la relación que da vida.

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Ryota, un arquitecto obsesionado por el éxito profesional, forma, junto a su joven esposa y su hijo de seis años, la familia ideal. Todas las certezas de su vida perfecta se esfuman cuando del hospital donde nació su hijo le informan que dos bebés fueron cambiados al momento de nacer: el niño que crió no es el suyo, y su hijo biológico ha crecido en un ambiente más modesto. Ahora, Ryota debe tomar una decisión irrevocable.

Es una constante en la vida real y el cine el hecho de que las familias construidas en torno a la búsqueda por el dinero y el éxito se desboronen fácilmente. Desde el inicio de la película, Keyta tiene que inventar situaciones en las que haya disfrutado tiempo libre con su padre, ya que Ryota es un líder en su trabajo y pasa todo el día con personas bajo su mando. La manera de criar a Keyta es un molde con el que planea formar una copia de su éxito en la vida. No permite el reconocimiento a logros “pequeños”, y hacer a su hijo independiente a la edad de seis años le parece una buena decisión.

La aparente vida perfecta de Ryota se ve interrumpida de manera inesperada al recibir la noticia de que el hospital cambió con otra pareja a su hijo. Ven pasar todo el tiempo con Keyta, saben que su vida no podrá ser la misma, no importa la decisión que tomen. Es así como conocen a su verdadero hijo, Ryusel, quien ha sido criado por una familia que a los ojos del exitoso arquitecto parece modesta y bastante despreocupada. Es por eso que decide contratar a su abogado para llevar a cabo los trámites necesarios. El padre que vivía en el interior de Ryota se desprende de él, pues el niño que ha criado no lleva su sangre y ahora entiende por qué su “hijo” no ha sido tan exitoso, como si buscara culpar a alguien por lo sucedido.

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Kore-Eda compone un drama con tintes de humor a cucharadas. Al fin y al cabo la vida es una combinación peculiar de problemas y situaciones que nos hacen reír. Propone una vista a través del daño que causa la vida moderna en la familia. Cuando el hospital hace que las dos familias se conozcan, cada una comienza a convivir con su verdadero hijo. Las diferencias son marcadas en la forma de educar a los niños: por un lado, Keyta toma clases de piano y no repela ante las decisiones de su padre; Ryusel juega videojuegos todo el día y se baña junto a sus hermanos y su padre.

Asistimos a una catarsis del tiempo perdido y las cosas que se dejaron de hacer. Los padres no pueden regresar el tiempo; los hijos han quedado marcados por las vivencias, y las cuestiones de la sangre parecen no trascender a la hora de sentir amor por la relación padre-hijo. Los vínculos familiares son universales: podríamos esperar que una sociedad como la japonesa – con una marcada tradición a ser exitosos y no permitir el fracaso – reaccione de forma diferente, pero al final podemos estar seguros de que la humanidad y el gran vínculo de la vida que se establece en la familia, son universales. No importa si somos hijos o somos padres, todos podremos sentirnos identificados o tocados por esta historia que habla de uno de los primeros sentimientos en la vida.

https://www.youtube.com/watch?v=zzfDKMWgiLE

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