Recién comenzada la década de los 50, Yves Klein (Niza, 1928) realiza sus pinturas monocromas, éstas serían su primer acercamiento al arte formal, y las llevó en exposición a algunos locales además de recopilarlas en dos ediciones firmadas con el pseudónimo “Haguenault”.
Después de establecerse en París y de algunas exposiciones públicas, se reconoce a 1957 como el inicio de su “periodo azul”.

Yves Klein hizo su lugar en los albores del arte conceptual y el performance; concibió al arte como un algo independiente de técnicas o fórmulas. El posmodernista tenía clara preocupación por la obra y no por los medios que el artista había utilizado para lograrla. El artista, para Klein, debía ser un creador de mitos con su obra; la técnica sería los detalles para contarlos.
Enemigo del pincel, en 1958 comienza a producir sus famosas obras denominadas: Antropométries (Antropometrías), la consolidación de su idea por romper los esquemas del arte de pincel y lienzo; este instrumento representaba para Klein la predisposición del artista y lo limitaba en la realización de su obra. Las Antropometrías utilizaban modelos desnudos que, bajo la dirección de Klein, dejaban huella sobre un espacio determinado.

Las Antropometrías del periodo azul pueden entenderse como un parte aguas entre el expresionismo abstracto y el arte conceptual. Se establece una relación con el primero en el sentido de que Klein consideraba al acto de pintar un ritual físico. Para Klein era importante mantener una distancia entre la obra y su propio cuerpo. Siguiendo la línea del action painting, en esta obra el gesto corporal cobra suma importancia. Los lienzos en horizontal recuerdan a Pollock pero la pintura ya no se avienta o se chorrea. Se estampa. Las mujeres eran empapadas en pintura azul y se estampaban sobre un lienzo de papel.
Las Antropometrías guardaban un carácter de performance, aunque no se reconocía como tal; las mujeres desnudas fueron sellos y contorsionistas que dejaban manchas sobre un soporte, lo que suponía un acontecimiento más que una manifestación artística. En este momento comienza lo que más tarde se denominaría arte conceptual; Klein dirigía la obra mientras de fondo se escuchaba “Sinfonía Monótona Silencio” (pieza compuesta por el artista). De este modo, la música se integraba a la obra hasta ser una con el color y el movimiento.
En marzo de 1960 llevó a cabo una demostración de la técnica en la Galerie Internationale d’Art Contemporain de París. Como si se tratara de un concierto de orquesta, Klein dirigió a un grupo de mujeres que sellaban y arrastraban sus cuerpos sobre hojas de papel, dejando tras de sí huellas de sus muslos y torsos.
https://img.culturacolectiva.com/content/2014/06/yves-klein-art.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/06/026-yves-klein-theredlist.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/06/klein3.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2014/06/yves-klein-antropometries-.jpg
Pero la pintura que empapaba a estas mujeres sería un tema aparte. El monocromo distinguió en el color un elemento que apelaba a la sensibilidad, además de representar un sentido del espacio con cada tono, en específico, entre los que resultaban de un solo color. Su interés por explorar los efectos del color en el espectador lo llevó a volcar su atención en el azul. La expresión más perfecta de este color, como lo llamó Klein, era el ultramarino o cobalto.

Klein consideraba que este matiz permitía sentir una completa inmersión en el color sin relacionarlo con algún estado emocional en particular. El azul está en el cielo y el mar, evoca distancia e infinidad; es energía estimulante y, a la vez, propicia una calma que invita a la contemplación.
Esta ponderación del azul cobalto en conjunto con la idea de suponer un acontecimiento por encima de la técnica, hicieron de Yves Klein un importante artista del siglo pasado; destacado, también, por dominar el espacio, el físico y mental, y establecer conexiones con el espectador a partir de hacerlo uno con la obra.
Más de medio siglo después de que Klein determinará un único tono de azul (de hecho hay una distinción entre los tipos de azul que se nombra azul Klein), Absolut retoma la escuela del francés y la encapsula en una gota azul cobalto. La marca de origen sueco presenta su más reciente lanzamiento: Absolut Originality, una edición limitada de 4 millones de botellas, cada una elaborada por medio de un proceso artesanal, cuyo diseño está determinado por una gota en este tono.

Con inspiración en la alfarería tradicional suiza, Absolut presenta su icónica botella con un toque de azul, hasta ahora el diseño más elegante que comunica la calidad de la marca. La magia sucede cuando la gota cae en el vidrio caliente; el camino que ésta tome significan efectos personalizados en cada botella, por lo que, aunque el proceso sea el mismo, cada botella es única.

Justo en el momento en el que el vidrio se moldea a 1100º C se deja caer la gota de cobalto, cuando éste se enfría se pinta de azul en una infusión distinta para cada botella. Cada botella es una nueva experiencia que se descubre con el color azul que identifica a Absolut.
A través de Absolut Originality, la marca recuerda el trabajo de Klein con clara alusión al azul, el movimiento y, sobre todo, la experiencia sobre el resultado.
Se distribuye ya en México en las principales tiendas de autoservicio y mayoristas.
