Cada vez hay más artistas que producen obras con medios y materiales artesanales. Esta tendencia no es exclusiva del arte plástico, pues también está presente en el diseño de modas, industrial, gráfico, y hasta en la producción de libros. Los artistas pueden pasar meses o años trabajando en la producción de una sola pieza, pues este tipo de obra necesita mucha dedicación pero, por lo mismo, se aseguran resultados siempre únicos.
Un proceso artesanal que parece estar en boga en el arte contemporáneo es el bordado. Se han intervenido un sinfín de soportes como fotografías, lienzos, hojas de árboles e incluso las palmas de la mano con hilos de colores; sin embargo, la elección de esta técnica tiene, en todos los casos, una profunda razón de ser. Puede estar orientada al simbolismo de las infinitas conexiones entre personas, emociones, pensamientos; o puede comunicar la idea de que toda imagen puede ser manipulada y, por lo tanto, reinterpretada. Al intervenir una imagen con estos hilos, se hacen evidentes las diversas capas de sentido que tiene toda representación.
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En el caso de algunas artistas, el bordado carga intenciones feministas. Esta técnica está colectivamente ligada a las nociones que acompañan a dicho género. El bordado fue una acción que las mujeres debían aprender desde niñas para lograr ser perfectas amas de casa y, por ser algo que las niñas hacen, es considerado como un “trabajo fácil”. En el arte contemporáneo, las artistas utilizan esta técnica en oposición a dos premisas: la primera a que el bordado se entienda sólo como algo propio de las mujeres, y por tanto un arte secundario, y dos: a la percepción de lo femenino como delicado y simple.
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Alaina Varrone (1982), artista dedica por completo al bordado, nació en el seno de una excéntrica familia de cuentacuentos; estudió arte textil en el Colegio de Artes de Maryland y posteriormente cursó Antropología y Teología en la Universidad de Columbia. Su preparación teórica condujo su producción artística al esoterismo y el feminismo. Los personajes de sus obras provienen de la mitología, de la religión o de estereotipos actuales. Por las escenas representadas y por el título que llevan, se perciben como una incisiva crítica a la sexualización del cuerpo de la mujer y a la objetivación de ésta como juguete erótico. Además, al utilizar el bordado, se remarca la queja, pues es una técnica delicada para tratar un tema tan agresivo. Mediante estos tres elementos (técnica, tema y título), Varrone logra incomodar a los espectadores y llevarlos a reflexionar sobre lo que está ante sus ojos.
Para conocer más el trabajo de la artista visita su página oficial.
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