Ángela Gurría: la mujer que esculpió su nombre en la historia

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Ángela gurría: la mujer que esculpió su nombre en la historia
Ángela Gurría: la mujer que esculpió su nombre en la historia

Ella, la elegida, la escultora/
de la luz que buscan los sedientos;/
donadora de celestes pozos,/
abre las fuentes de su pecho/
y deja en libertad nutricias/
migraciones, albas transitivas.

Rubén Bonifaz Nuño, Corazón en espiral, 1983 (fragmentos)

La escultura nace en tiempos remotos por la tendencia del ser humano a imitar, en volumen, las formas de la naturaleza. Durante muchos años fue una disciplina exclusiva de hombres debido a la exigencia de gran fuerza física y el manejo de materiales y herramientas pesados.

En México, ésta, y en general cualquiera de las llamadas Bellas Artes, se encontraba bajo el dominio de artistas masculinos, quienes no otorgaban espacio a mujeres a menos que fueran las musas de su trabajo. Por ello, pensar en una escultora en el México de los años cuarenta parecía algo extraordinario.

La historia y el mundo de la escultura se sobresaltaron al sentir los pasos de Ángel Gurría, quien, durante los primeros años de esa década, comenzó a tomar fuerza en el ámbito al recibir elogios de cientos de hombres quienes no tenían ni idea de que la obra que aplaudían era producto de manos femeninas.


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Por mucho tiempo, Ángela firmó como Ángel, anticipándose a la respuesta negativa que, sabía, obtendría al entregar un trabajo con su nombre real. Esto, aunque al inicio resultó difícil, le permitió ingresar al cerrado y estricto mundo de escultores mexicanos, logrando así su rápido ascenso.

Estudió letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras, pero su verdadera vocación la llamó a través del sonido proveniente del cincel contra la piedra, que llegó a sus oídos por primera vez al escuchar el trabajo de un cantero que trabajaba cerca de su casa en Coyoacán.

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Aunque comenzó de forma autodidacta, después de algunos años se convirtió en discípula de artistas como Germán Cueto, Mario Zamora, Abraham González, entre otros, para continuar sus estudios de artes plásticas en Inglaterra, Francia, Italia, Estados Unidos y Grecia.

Con el tiempo logró convertirse en pionera del arte escultórico moderno en la ciudad de México, y para los años 70 ya había alcanzado el reconocimiento y la fama mundial.

Su trabajo es una muestra y recordatorio constante de respeto y admiración por la naturaleza y sus formas, así como por el mundo prehispánico.

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La mayoría de sus obras son monumentales, característica que se convierte en su sello distintivo; algunas de sus piezas alcanzan alturas que van de los 30 hasta los 100 metros.


Escultura monumental ángela gurría - ángela gurría: la mujer que esculpió su nombre en la historia

Una de sus aportaciones más importantes a la ciudad es señales, escultura de 18 metros de altura que representó a México en los Juegos Olímpicos de 1968.


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Los cuernos que la conforman simbolizan la participación de los países africanos que trabajaron por primera vez en conjunto; ésta se ubica en
la glorieta de San Jerónimo, en la Estación 1 de la Ruta de la Amistad.

Otra particularidad de su obra es el dominio que demuestra ante materiales como piedra, cantera, ónix, mármol blanco o negro, hierro, bronce, aluminio, madera y barro, los cuales modelaba con admirable destreza.


Mariposa hierro gurría - ángela gurría: la mujer que esculpió su nombre en la historia

Ángela Gurría, homenajeada con los versos de Rubén Bonifaz Nuño, derribó las reglas establecidas en el mundo de la escultura y se convirtió en la primera mujer mexicana en vencer la rigidez del bronce y la piedra al calor de sus manos.

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