La Candelaria, corazón histórico y cultural del centro de la ciudad de Bogotá, se ha caracterizado por las casonas coloniales con ventanas enrejadas, portones tallados, aleros y tejados rojizos. El centro histórico de la ciudad es uno de los más preservados en Latinoamérica y es por esto que atrae a todo tipo de artistas nacionales y extranjeros, en general, a personas que están interesadas en navegar por las callejuelas con estilo bohemio del corazón de la ciudad.
El clima frío que cubre a una ciudad de ladrillo no es lo único que da a las calles bogotanas un aire enigmático, ya que en la Candelaria, desde algunos techos altos, ventanales y hermosos balcones, las calles son vigiladas por esculturas de tamaño real que parecen tomar vida, pues atrapados en el tiempo por muchos años han sido testigos y compañeros de los visitantes y vecinos que se encuentran en la zona.

Sentado sobre el filo de un tejado, un pescador que sostiene un banano de anzuelo ha permanecido más de 15 años vigilando las calles. El hombre de fibra de vidrio y resina ha sido protagonista de muchas historias que conciben aquellos que caminan por allí. Pero este no es el único habitante silencioso, también se encuentra un embolador que camina suspendido sobre un suelo imaginario, un malabarista que realiza su oficio sobre un monociclo, algunos niños que juegan en los tejados, entre otras esculturas inspiradas en representar el día a día de la vida en la ciudad.
La idea de realizar una exposición permanente en las calles de La Candelaria surgió a mediados de los noventa gracias al pintor y escultor bogotano Jorge Olave, quien decidió que la obra sería un monumento a la gente común y real del lugar, fue por eso que se seleccionaron a algunas personas habitantes del barrio para ser las “celebridades” que serían moldeadas en fibra de vidrio y látex, siempre en tamaño natural. Sin duda, la obra se concibió con el fin de hacer un intento de integración ciudadana, demostrando que todas las personas tienen su propia historia.

El proyecto inició con la exposición de 30 esculturas que fueron colocadas a la vista de todos, únicamente en el corazón histórico del centro. Debido al éxito de la primera etapa de la obra, se pueden encontrar esculturas en otras zonas de la capital como la Plaza de Bolívar, el Parque Deportivo El Salitre o el Ecoparque de Sierra Morena en Ciudad Bolívar.

Aunque con el paso del tiempo algunas esculturas humanas se perdieron, otras nuevas personalidades han surgido en los últimos años.
Algunas de las obras de Jorge Olave se encuentran en colecciones de México, Francia, Canadá, Estados Unidos, El Salvador, Venezuela y Alemania.
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