Del proyecto: “Las placas nos sitúan, el espacio nos contiene”
La Auto- Re- Presentación
***Texto escrito por la artista
Preservar: el implícito juego del tiempo en este pánico colectivo de la cultura contemporánea que a toda costa quiere conservar lo erosionado, lo transcurrido de manera efímera. La cita histórica no se permite más que para tener un recurso de información.
En este proyecto procuro entablar un puente comunicativo entre lo que se construye en un centro de asistencia para enfermos mentales en condición de abandono social, con la idea preconcebida, colectivamente, acerca del otro; el que está fuera de las normas sociales.
No se trata de un video, ni de una fotografía. Trabajo con el registro de lo que no sucedió. Aquí la memoria se ha perdido. Para los usuarios saberse está implícito en su condición; para algunos jamás ha importado.
El registro es un rastro de lo sucedido, dentro de las variables no controlables, frente a lo esperado de lo que va suceder. Verse, reconocerse, identificarse, registrarse con una imagen elaborada en el carácter lúdico que se duplica.

Recuperar-nos la experiencia
Es la mañana de cualquier miércoles de septiembre, son las nueve y media, me comunico con la Directora del CAIS-Cuemanco para confirmar mi participación con los internos utilizando la técnica del memorama, para después llevar a cabo el taller con las placas de pasta blanca de cerámica para la elaboración de su propio retrato con la técnica de transferencia, en la posibilidad de la Auto-Re-Presentación.
Utilizo un tablero que configuré con los retratos de los 315 internos que el centro aloja. Propongo jugarlo una vez por semana con dos dormitorios cada vez, hasta trabajar con todos. Los primeros dormitorios a los que pasaré son también los últimos: el 13 y 14, en estos se albergan los usuarios menos funcionales.

Es la noche anterior a mi intervención, mientras preparo el material me pongo nerviosa, casi asustada. Me empiezan a rondar miles de preguntas, sobre todo: ¿qué reacción tendrán al mirase? Durante semanas he arañado muchísimo la idea, ¿cambiarán cuando se vean o se reconocerán cuando esto pase?
Es el día acordado, al llegar al centro siempre solicitan que uno se registre con el policía que está en la entrada; al fondo se alcanza a ver la puerta de aluminio, la frontera entre el exterior y lo que sucede adentro. La puerta siempre está custodiada por los mismos usuarios; es un límite simbólico.
Paco es un hombre de 35 años con profundo retraso mental, forma parte del Dormitorio-14, tiene gran simpatía por cantar el Himno Nacional Mexicano y las Mañanitas. Padece problemas de lenguaje, es un hombre fuerte y corpulento pero su razonamiento pertenece a un niño de tres años. Tiene poca tolerancia a la frustración, por lo que cuando se encuentra enojado es complicado contenerlo. Las historias que he escuchado refieren que a más de dos usuarios les ha sacado un ojo. Cuando se encuentra en estado alterado es mejor no decirle nada, ni siquiera tratar de tranquilizarlo. En caso que se acerque en ese estado, uno le tiene que extender los brazos a la altura de los ojos para marcarle la distancia.
Me anuncian con la directora, ella está dando un recorrido por el centro. Espero en una silla de plástico, estoy un tanto ansiosa, pero el hecho es que me encuentro con la noticia que Paco, al ser reunido con los demás usuarios de los dormitorios, tumbó la puerta, por lo que se suspende la dinámica hasta la próxima semana.
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Me quedé un largo rato en la oficina de la directora, reflexiva a la vez que amable. Todos se presentaban con sus quejas e insuficiencias. El problema del día: una dosis de medicamento falta desde hace más de un mes. Médicos y personal administrativo buscan de manera febril la coincidencia de dosis de los “historiales” clínicos de los pacientes. De pronto, por la ventana, asoma uno de los usuarios llamado “Sting”, se acerca y le dice a la directora: “ya te compré tu olla express para cuando nos casemos”.
