Pocos son los personajes quienes actualmente llevan tan alto el nombre de México como lo hace Ariel Guzik. El mexicano nacido en los 60 se ha dedicado, desde hace varias décadas, a explorar diversas disciplinas que poco a poco ha logrado entrecruzar, generando una red de conocimiento propio que pocas veces se ha visto tan genuina y claramente materializada como en el caso de “Cordiox”.

Bajo el vicio de las categorías es importante aclarar que Guzik es músico, investigador, artista, iridólogo, herbolario e inventor, en pocas palabras, un genio multidisciplinario. Su principal objeto de estudio es la naturaleza y sus lenguajes. Se ha especializado en la resonancia, la mecánica, la electricidad y el magnetismo de la naturaleza, fenómenos que están instrinsecamente ligados al sonido y por obra de Guzik, a la música.
Por lo general, sus investigaciones se ligan al diseño de mecanismos, máquinas e instrumentos que sin desvelar por completo los fenómenos naturales, sí hacen una labor explicativa de estos. Los instrumentos o máquinas amalgaman distintos factores en una intencional/condicional forma de generar una cierta armonía sonora y estéticamente sensorial.

No por nada Ariel Guzik ha sido reconocido en las distintas disciplinas en las que ha incursionado. Su trabajo como iridólogo lo ha llevado a increíbles descubrimientos relacionados con la salud, y sus investigaciones como -me atrevo a llamarlo- músico co-creador con/de la naturaleza se han materializado y viajado por el mundo en distintas bienales y exposiciones de alto valor curatorial.

El caso de “Cordiox” es muy peculiar: es la culminación de más de tres décadas de estudio; por un breve periodo, el Laboratorio Arte Alameda (LAA) será hogar de este magnífico invento que concentra el trabajo del mexicano.
Es una compleja máquina de cuatro metros de altura que se convierte en víctima de su entorno, de modo que termina por describirlo sonoramente generando una atmósfera auditiva que apela a los sentidos de quienes se encuentren en este entorno también. Compuesta por 180 cuerdas tensas que se distribuyen en tres arpas, y un gran cilindro de cuarzo puro fundido, “Cordiox” se apodera de sus alrededores en espacio y sonido.

La máquina propaga de manera tonal las vibraciones que dependen en gran medida de lo que le rodea; la experiencia no podría ser más sensorial y exquisita. Además, Guzik, junto con su magno instrumento hipersensible, representó a México en la 55 Bienal de Venecia, uno de los encuentros artísticos más importantes en el mundo. Por todo lo anterior, vale la pena visitar el LAA, recinto que se caracteriza, entre otras cosas, por su alto trabajo museístico en cuestiones de arte sonoro. Visita “Cordiox” y estremécete con la labor científica, artística, musical y sensorial de uno de los mexicanos más grandes en estas áreas del conocimiento y el arte.

LAA / Dr. Mora 7, Centro Histórico, Ciudad de México 06050
La obra estará expuesta del 27 de febrero al 20 de abril.
Entrada general: $19 con credencial; domingo: Entrada Libre
Martes a domingo de 09:00 – 17:00 horas
