A pesar de estar lleno de figuras geométricas y rostros distorsionados, el cubismo es capaz de llevarnos hasta un punto de introspección muy particular. Seguramente no tardaremos en encontrar nuestros cuerpos entre las líneas gruesas de las figuras representadas en estos cuadros. Nosotros, que pragmáticamente nunca hemos visto en nuestros cuerpos ni una línea recta bien definida, nos reflejamos en la brutalidad y trazos primitivos de aquellos dibujos.
Trabajos como “Guernica” de Pablo Picasso no son sólo una representación abstracta de personas y animales; sino que también sirven para retratar cualquier tipo de emoción con la misma maestría que lo harían los pintores hiperrealistas.
¿Qué otro aspecto de nuestra vida puede ser representado por esta vanguardia de principios del siglo pasado? Prácticamente todos, al haber sido una de las vanguardias más feroces, se comprobó su capacidad para captar y dar sentido a la sensibilidad humana; su impacto es tal que incluso artistas de nuestros días, a pesar de las tendencias y técnicas modernas que ahora existen, optan por utilizar el cubismo como medio de expresión. Un ejemplo de ello es la ilustradora Selma Kaede Lawliet, quien se encarga de representar la intimidad humana utilizando una estética que nos recuerda a las “Señoritas de Avignon” del mismo Picasso.
El hecho de encasillarse a sí misma como una artista erótica, la conduce a explorar la sexualidad humana desde todos los puntos posibles, ya que sería absurdo pensar que el erotismo sólo se encuentra en dos cuerpos desnudos que se ocultan de los demás para poder concretar su deseo. Así pues, Selma no sólo basa su obra en experiencias personales, también centra su atención en otras disciplinas para poder crear piezas más redondas donde la sensibilidad de las personas quede reflejada por lo menos en un noventa por ciento.
La manera en la que esta artista representa el acto sexual, más allá del deseo y el placer causado por leves lengüetazos, se trata también de compartir con sus espectadores el trabajo de otros artistas con los que se codea, sobre todo el de su amigo Alex, a quien conocemos a partir de citas que la ilustradora inserta en cada una de sus láminas.
Con respecto a la técnica que Selma emplea para la creación de sus láminas, ella prefiere no complicarse demasiado; bastan un par de bolígrafos y un espacio en blanco para que ocurra la magia que se produce a partir de juntar el cubismo de Picasso con una temática amorosa que se antoja posmoderna; aquella en la que no sólo interviene el instinto responsable del placer sino también los sentimientos, sobre todo ese amor que por fin se ve concretado después de haber padecido la amargura de un ser indiferente.
Si bien la mayoría de sus trazos están construidos por una paleta de colores demasiado limitada (negro blanco y rojo), la ilustradora no descarta la posibilidad de acompañar sus ilustraciones con colores brillantes, lo que provoca un efecto psicodélico que le otorga a sus obras un giro completamente nuevo. Como si el erotismo se volcara hacia un plano mental en el que, tal y como lo sostienen algunas religiones orientales, el placer es capaz de elevarnos hacia un plano espiritual sin igual.
Con sus láminas, Selma Kaede Lawliet nos demuestra cómo el arte, a pesar del tiempo, es capaz de renovarse y apropiarse de elementos de un contexto más moderno para seguir sobreviviendo en la mente de miles de espectadores que, en busca de nuevas propuestas, no sólo vuelven a encontrarse con el cubismo de Picasso, sino con el surrealismo de Dalí y otras muchas corrientes cuyos representantes probablemente jamás se imaginaron que causarían tanto impacto.
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Fuentes
Imgrum
The Picta