Texto escrito por: Federico Alegría
Daidō Moriyama se podría definir mejor cómo un apasionado por las ciudades más allá de un fotógrafo. El acelerado ritmo que nos domina es invisible; pero en sus fugaces fotografías, el sutil aroma del tiempo se nos desvela. El alto contraste en sus fotografías es una invitación a ver más allá, y encontrar luego de una lectura pausada el choque entre los valores tradicionales y la moderna sociedad que se ha gestado en Japón.
Sebastian Mayer, Retrato de Daido Moriyama, Tokio 2010. / Foto: Wikimedia Commons.
Su estilo es particular, y es evidente su rechazo hacia la perfección técnica. Moriyama se vale de un alto contraste cargado de ruido con encuadres frenéticos para acercarse más a su visión de la sociedad moderna. Nace en 1938 y estudia diseño gráfico y aprendió fotografía con Takeji Iwamiya. Luego se vincula con la disciplina al trabajar como asistente de Eikoh Hosoe. Fue ahí cuando empezó a registrar lo cotidiano con su cámara. Ha sido galardonado en múltiples ocasiones y en 2019 recibió el prestigioso premio Hasselblad de fotografía.
Se ha escrito mucho sobre las influencias detrás de la fotografía convulsa de Moriyama, pero son quizá las más evidentes las de los escritores Yukio Mishima y Jack Kerouac. Luego están las influencias fotográficas donde se debe mencionar a William Klein y a Robert Frank. Y más allá de estos nombres, existen otras múltiples influencias en su estilo, y podrían agruparse sin pretensiones categóricas a todas ellas como visiones frenéticas de la sociedad, todas altamente compatibles con la suya. El reconocimiento dentro del mundo del arte a un fotógrafo catalogado como de calle en nuestros días sugiere que la cotidianeidad aún tiene cosas que aportar al mundo del arte desde la fotografía de calle.
Crippled Beggar, Tokyo, 1965. / Foto: Daido Moriyama photo foundation / Moriyamadaido.com
Trabajo
La sociedad se nos impone y nos envuelve de manera categórica con un fuerte mandato que nos obliga a decidir siempre entre blancos y negros. Las variantes existen dentro de esta eterna dicotomía cotidiana, pero no como los sutiles tonos que quizá nosotros esperamos. Basta con ver estas dos fotografías para entender lo que impulsa a Daidō Moriyama a salir a las calles de manera tan compulsiva. La primera es Animador en el escenario, Shimizu – 1967 y la otra es Perro callejero, Misawa – 1971. En la primera dolor entero de una sociedad se resume en ésta imagen de un actor que se espera esté entreteniendo a una audiencia. La fotografía inmortaliza el conflicto entre las tradiciones y la rutina de un escenario. La textura de la fotografía es áspera, y no ayuda a suavizar la realidad. Y en la segunda vemos al fotógrafo personificado en un perro que sobrevive en su ambiente natural entre las calles.
Series
Foto: Daido Moriyama photo foundation / Moriyamadaido.com
Foto: Daido Moriyama photo foundation / Moriyamadaido.com
Perro callejero, Misawa, 1971. // Foto: Daido Moriyama photo foundation / Moriyamadaido.comEl Valor de la Edición
Sus fotografías le complacen, porque representan su visión, pero sabe que es en las memorias o en los sentimientos que generan en la audiencia donde ellas encuentran un terreno más adecuado. No existe una rutina más placentera para él que caminar. Ahí es donde encuentra situaciones que considera merecen ser recordadas. Éstas pueden llegar a ser muchas, y es en el proceso de edición donde está el verdadero arte de Daidō Moriyama.
Foto: Daido Moriyama photo foundation / Moriyamadaido.com
Para Daidō Moriyama la cámara fotográfica es un instrumento de inmensurable valor, porque le permite detener al tiempo y así copiar el mundo para crear un collage de él. Moriyama responde de manera intempestiva a los impulsos urbanos que le inspiran algo y dispara guiado por su intuición. Para alguien apasionado por la ciudad esto resulta en una producción inmensa de fotografías, y es en la edición (selección) de las fotografías que se gesta el verdadero arte de sus imágenes. En palabras de Keith Carter «se debe hacer la fotografía, se tiene toda una vida entera luego para descifrarla». Son pocas las fotografías que realmente responden al valor estético que Moriyama busca al crear esta copia del mundo.
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