Mi ser, mi descomposición, trasplantado a valores permanentes, tiene que producir mi fuerza en otros seres desarrollados o más desarrollados, más pronto o más tarde como una religión aparente. Los más avanzados me prestarán atención, los más alejados me mirarán y ¡los que me nieguen vivirán de mi hipnosis!
E. Schiele

Schiele es uno de los pocos artistas que plasmaron en sus obras más acabadas la sexualidad femenina tal cual es. La sociedad europea en los albores del siglo XX estaba tan dispuesta a colocar la sexualidad como un tema tabú, que prohibió las obras de Klimt y Schiele, tachándolas de inmorales y carnales. El psicoanálisis freudiano se propuso ahondar en la cuestión y ubicó en el imaginario colectivo la afirmación de la depravación en aquellas mentes inspiradas por el sexo.


Si el mismo Klimt, con quien trabajó y al que consideró su maestro, afirmó que lo único que le interesaba pintar era el cuerpo femenino, Schiele pudo haber dicho que su necesidad artística se fundaba en el erotismo y todo el mundo hubiera asentido. Su fijación especial por el sexo y la sensualidad femenina inició en sus estudios preparatorios sobre la anatomía femenina. Mujeres con las piernas abiertas, masturbándose y cuerpos femeninos cuya expresión es potenciada por los fondos monocromáticos que adquieren movimiento y realidad en cada trazo irregular e incierto que rodea su contorno, son los temas más frecuentes en su producción pictórica.



El primer encuentro que un joven Schiele tuvo con su obra de inspiración fue a través de Gertrude, su hermana menor, a quien pintó desnuda en algunas obras de su primera etapa. Algunos críticos e historiadores presumen de que el pintor se relacionó sentimentalmente con ella. Más tarde, la obsesión de Schiele lo llevó a la cárcel por un supuesto romance efímero con una joven de 17 años. Al salir del encierro, conoció a Wally Neuzil, su musa definitiva. Esta fue, presumiblemente, la etapa más prolífica del pintor.


Reflejo de una vida tormentosa que combinó tragedia y erotismo. Egon Schiele pasó por desgracias que condicionaron su apreciación y trabajo artístico. La fugacidad de su vida (murió a los 28 años) es contradictoria con respecto al legado de su obra. ¿Acaso existe un nexo filosófico, una relación profunda y estudiada sobre el erotismo y la tragedia? El trabajo sobre el erotismo de Georges Bataille parece estar inspirado por los lienzos del pintor vienés y viceversa: para el francés, el erotismo es el reflejo de una voluntad vital, la violencia con la que se transita y aprueba la vida, incluso en la muerte. La unión inquebrantable (y al mismo tiempo contradictoria) entre erotismo y fatalidad, vitalidad y muerte, es tangible en las formas temblorosas de las mujeres en cada una de sus telas.

Conforme la evolución técnica y creativa de Schiele, su estilo se consolidó y recurrió a la sensualidad explícita, al desnudo completo y la exposición de genitales. Mujeres sonrojadas, con vellos expuestos rompen con el idealismo del sexo y potencian la excitación de una mirada que a pesar de reconocer la presencia del espectador, se sumerge en el placer propio.



El rompimiento de Schiele con la estética de la corporalidad femenina, la moral decadente de la época e incluso con el trabajo de su propio maestro, provocaron una obra tan peculiar como difícil de encontrar en el arte contemporáneo. El pintor se declaró en contra del academicismo en su pintura y mantuvo vigente lo que en palabras de Bataille es una acción soberana, exaltando una y otra vez el rito por excelencia, inútil en términos de productividad y creador de placer que identifica al ser humano: el sexo.
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