Los garabatos que algunos presidentes de Estados Unidos solían hacer durante sus reuniones en el Despacho Oval, donde se toman las decisiones más importantes, fueron recopilados para ser analizados por la psicología. Ronald Reagan prefería dibujar vaqueros, Dwight Eisnehower reproducía banderas americanas rodeadas de lápices rotos, Herbert Hoover tenía una predilección por las telarañas geométricas, John Fitzgerald Kennedy subrayaba de forma repetitiva y con trazo grueso algunas palabras sueltas y Bill Clinton optaba por dragones de alas enormes y cocineros con una sartén en la mano.
Contrario a lo que comúnmente se piensa sobre alguien que garabatea la esquina de una hoja mientras toma otras notas o escucha atentamente, la ciencia ha demostrado que los llamados dibujos inconscientes son la mejor manera en que una mente capaz fija ideas y graba su contenido. Garabatear es una reactivación que evita caer en el aburrimiento o la apatía, además de la única forma de asimilar visualmente lo que se está escuchando o discutiendo.Así como todos los dibujos de los presidentes mencionados eran parte de una asociación en especial, consciente o inconsciente, con los temas abordados en sus reuniones y a cómo se sentían al respecto, la pintura y sus artistas también crean obras repletas de significado y simbolismo. Un trazo, el color y estilo de cada creador son parte de una emoción o pensamiento que se reproduce a través del pincel. Y aunque una obra se crea en estado lúcido y con toda la atención puesta en ella, en el frenesí de capturarlo todo dentro de una sola pintura el artista plasma un montón de expresiones de la vida, la muerte y cómo se siente ante ambas situaciones.
En 1952 Charles Koch introdujo la prueba Baum o “Test del árbol” de manera oficial para descifrar parte de la personalidad. La forma en que un árbol es dibujado se refiere, según la psicología, a la representación gráfica con la que se pueden analizar profundamente las cualidades y rasgos de una persona. Por ejemplo, las raíces gruesas y fuertes hablan de una persona pragmática y racional, mientras que la ausencia de raíces representan una gran incertidumbre o ansiedad. Así con cada trazo del árbol los paisajes románticos del siglo XIIX y XIX son los que mejor ejemplifican este simbolismo, el cual, a través de un lenguaje victoriano de flores y árboles, evoca la emoción de la que pende el estado de ánimo de un artista.
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Devastación
George Hayter – “Después de la tormenta” (1833)

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La siniestra imagen de un árbol que ha sido terriblemente herido, tal vez por la reciente caída de un rayo o como una vieja cicatriz de alguna batalla, habla de lo débil que alguien puede sentirse. Es importante destacar que el árbol sigue vivo. A pesar de las dificultades sus pocas y frágiles ramas se aferran a un tronco estropeado. Este árbol simboliza la destrucción, pero no como la muerte, sino como una posibilidad de comenzar de nuevo.
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Soledad
Caspar David Friedrich – “Paisaje del pueblo en luz de la mañana (El árbol solitario)” (1822)

Además de la soledad en la que se encuentra este árbol, podemos observar que éste representa a un sobreviviente. El pico del tronco está fracturado, sin embargo, ha perdurado. Debajo de la sombra del majestuoso, pero vacío árbol, descansa un pastor que sólo pasa por ahí con su rebaño y muy a lo lejos, casi detrás de una de sus ramas, se ve la silueta de una iglesia. Lo cual confirma lo lejos que este árbol se siente de absolutamente todo y todos, inclusive de la fe.
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Tristeza
Caspar David Friedrich – “Abbey entre los robles” (1809-1810)

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Los árboles también pueden ser símbolos más sutiles de felicidad, tranquilidad o conexión con los demás. Por ejemplo, en este retrato de 1754 el artista enmarca a la familia de Thomas Gainsborough Gravenor. Posan felices delante de dos árboles fielmente entrelazados, pues representan la unión que en cualquier familia ideal existiría.
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Plenitud
Joseph Anton Koch – “Landschaft nach einem Gewitter” (1830)

Otros artistas retratan árboles como un símbolo espiritual que escenifica la conexión entre lo terrenal y el cielo. Ésta es parte de la paz y plenitud que alguien puede sentir. Koch capturó esa calma y parte de su espiritualidad a través de un paisaje con árboles que alcanzan un arcoíris, el cual representa el puente o la entrada al cielo.
Los árboles han sido parte de la historia del arte como un componente frecuente en los paisajes románticos. Mismos que se caracterizan por plasmar una emoción, momento, memoria o pensamiento a través de la naturaleza y sus símbolos. En el mundo del arte esta composición es parte de una representación estética mediante la cual podemos conocer el significado de un trazo, un color o un elemento con el que consciente o inconscientemente el artista habla sobre su estado de ánimo.
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