Aunque nosotros amábamos el afro de Bob Ross, él lo odiaba. Su cabello natural, era lacio. Según lo han confesado personas cercanas a él, fue la precariedad económica que sufrió al ser joven la que lo motivó a hacerse un permanente. No tenía suficiente dinero para cortarse el cabello a menudo y decidió hacerse algo completamente original. Aunque años después detestó este peinado, la fama de su programa televisivo había crecido tanto que se vio obligado a conservarlo.

«Nunca podría cambiar su cabello y eso le molestaba mucho. Se hartó de ese cabello rizado» dijo su socia, Annette Kowalski, en una entrevista.
Más allá de su memorable cabello, lo cierto es que este “profesor de arte a distancia” marcó a toda una generación en diversas partes del mundo. “The Joy of Painting” duró al aire casi doce años, tiempo suficiente para quedar en la memoria de millones de personas que ahora, reproducen nostágicamente los pasados capítulos desde YouTube.
Las pinturas de Bob no tenían un boceto que seguir, salían de manera improvisada. Eso provocaba que, junto con él, los espectadores siguieran el proceso de su creación. Esto provocó que muchas personas se sintieran inspiradas con su trabajo y que una ola de misivas llegaran hasta el estudio de grabación agradeciendo los consejos pictóricos.
Por lo tranquilizante de su voz y sus frases llenas de humor, nos cuesta trabajo creer que de joven estuvo en las filas de la Fuerza Aérea estadounidense. Sin embargo, esto nos hace sentido al ver la enorme influencia de estos años reflejadas al pintar las enormes montañas y frondosos árboles de bosque.

Bob Ross es recordado mucho más por sus frases que por sus pinturas. Honestamente, todas se parecían entre sí, aunque siempre habían sorpresivos trazos que hacían a cada una diferente.
« »Necesitas la oscuridad para mostrar la luz».
«Mira alrededor. Mira lo que tenemos. La belleza está en todas partes; sólo tienes que mirar para verla« ».
«No hay nada malo en tener un árbol como amigo».
«No cometemos errores. Sólo tenemos accidentes felices».
Algunos aseguran que Ross era profesor de arte, no artista y que su obra debe calificarse bajo esa óptica. Otros, por el contrario, mencionan que su obra tenía un valor intrínseco que lo cataloga como un “artista público”. La calificación de “artista” es lo suficientemente complicada como para pretender un juicio objetivo al respecto. Sin embargo, lo que nos consta es que dominaba a la perfección la técnica de las pinceladas precisas y el conocimiento cromático para armar paisajes increíbles.

Esta discusión puede ser aclara citando sus propias palabras. En entrevista con Orlando Sentinel, confesó: «tradicionalmente, el arte ha sido para algunos pocos (…) Nos han lavado el cerebro para creer que Miguel Ángel tuvo que darte una palmadita en la cabeza al nacer. Bueno, le mostramos a la gente que cualquiera puede pintar una imagen de la que estén orgullosos. Puede que nunca se cuelgue en el Smithsonian, pero sin duda será algo que van a colgar en su casa y estar orgullosos de ello. Y de eso es de lo que se trata».
Es decir, la intención no era hacer “grandes artistas” sino crear un vínculo emocional entre la pintura y el espectador. Respecto al público, Bob lo tenía perfectamente claro: «la mayoría de nuestra audiencia no pinta, no tiene ningún deseo de pintar, nunca pintará. Ellos lo observan estrictamente por entretenimiento o para relajarse. Esta falta de rigor en su obra, la tomaba con humor: hemos recibido cartas de personas que dicen que duermen mejor cuando ven el show».

La sencillez de Bob no estaba sólo frente a la cámara. En la vida real, se comportaba de igual manera. Incluso, se dice que nunca cobró por las emisiones televisivas ni tampoco vendió nunca las pinturas que hizo. El dinero que usaba para vivir era el que provenía de Bob Ross Inc., una compañía que se dedicaba a vender material visual del pintor y material de arte.
Tras 12 temporadas y 400 programas Bob Ross murió víctima de un linfoma, a los 52 años. Si es arte o no, es difícil de decidir. Lo que es realmente importante es que gracias a su alegre manera de desenvolverse, sus graciosas frases y su sereno estilo para pintar, introdujo el arte en millones de casas de todo el mundo, derribando las fronteras de la élite artística y mostrándonos que nosotros también podemos hacerlo.

En conclusión, podemos afirmar que Bob Ross podría ser artista al tener conocimiento de técnicas y contar con una creatividad infinita. Sin embargo, delante de la cámara, era una especie de instructor que nos motivaba a acercarnos al arte.
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