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ARTE

La exposición de la UNAM que debes visitar para entender la violencia en México

Platicamos con Alejandra Labastida, curadora de "#NoMeCansaré. Estética y política en México, 2012-2018" una exposición que se pregunta cómo un meme y un hashtag pueden ser manifestaciones estéticas de activismo político.

Una de las virtudes de visitar un museo de arte contemporáneo es que en sus salas se relata una historia reciente, lo que nos convierte no sólo en espectadores de una revisión historiográfica, una colección o un archivo del pasado, sino que se trata de enfrentarnos ante momentos que hemos presenciado, que nos han determinado directa o indirectamente y que difícilmente podemos mirar con indiferencia porque forman parte de nuestro día a día. De eso se trata la más reciente exposición del MUAC, una muestra que presenta movimientos sociales en los que posiblemente hemos participado. Quizá hayas marchado en alguna de las manifestaciones de la última década, tal vez fuiste el estudiante 132 o has visto un No me cansaré proyectado por el Contingente láser tag en las calles durante una marcha, o en el peor y desafortunado caso reconoces alguno de los nombres bordados en hilo color rojo como una víctima más del crimen organizado. 

#NoMeCansaré. Estética y política en México, 2012-2018 se trata de una propuesta del MUAC curada por Helena Chávez Mac Gregor, Sol Henaro y Alejandra Labastida que explora algunas prácticas que se gestaron entre los límites del arte y la movilización social. En la labor de estos colectivos se manifiesta cómo enfrentamos estéticamente la violencia en un contexto marcado por impunidad como en el caso del incendio de la guardería ABC, del dolor por las víctimas de la guerra contra el narcotráfico y de la incertidumbre sin respuesta ante la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Rural de Ayotzinapa.

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Primero que nada, te advertimos que esta vez en el MUAC no verás una exposición de obras de arte ni de artistas, aunque hay algunos involucrados pero que forman parte de propuestas de activismo colectivo con una labor comunitaria. La figura del autor o del artista no existe en las salas de #NoMeCansaré porque la intención no es analizar la escena artística actual sino identificar qué tipo de formas sensibles y materiales estéticas han adoptado las movilizaciones sociales en esta década, desde la trinchera de la acción ciudadana. 

"Buscamos referencias de prácticas estéticas de praxis política, para entender el espacio de intersticio entre el arte y la vida política y después insertarlo en el museo, con todo el cuidado de no tratarlas como obras artísticas, de hecho intentamos que casi todas tuvieran una documentación de cómo nacieron y operaron originalmente dentro del espacio público, pusimos esa referencia intentando que no se confundan con obras". Alejandra Labastida, curadora

A partir de esa noción de prácticas estéticas de praxis política -propuesta por el historiador del arte Roberto Amigo- se muestran acciones de artivistas urbanos, como Redetro, Sistema de Transporte Onírico, un colectivo de diseñadores gráficos y artistas que hacen estrategias estéticas de intervención en las señaléticas, seguramente has visto su obra en estaciones de metro que juegan con la estética institucional para denunciar sucesos recientes al convertir "Patriotismo" en "Matriotismo", "Normal" en "Normalistas" y colocar la icónica paloma de la paz atravesada por una bayoneta en la estación "Tlatelolco". 

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Pero ¿cómo presentar las manifestaciones sociales del presente en un museo?

"En el momento en el que metes algo en el cubo blanco se crean una serie de connotaciones y de posibles confusiones. Entonces lo que nosotros tratamos de buscar fueron estrategias museográficas como empezar la exposición con una cronología que da contexto para que estas acciones no pierdan su sentido social". Alejandra Labastida

En la labor curatorial se dio gran importancia a presentar el registro fotográfico de cómo se desarrollaban estos movimientos en su "hábitat" de origen, además las curadoras se encargaron de hablar y acercarse a cada colectivo para consensuar cómo presentar la "pieza". Cada montaje respeta su naturaleza, como en la acción Desde el duelo: Fuentes Rojas y su iniciativa "Bordando por la paz y la memoria: una víctima, un pañuelo"  que convoca desde 2011 a reuniones semanales en el espacio público para bordar nombres de víctimas de la violencia,  y como un acto simbólico los pañuelos se unen dejando espacios vacíos entre ellos para evidenciar la ausencia, así que en su montaje dentro del museo se replicó esa misma esencia poética. 

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Fotografía de Oliver Santana. Cortesía MUAC.

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También se invitaron a las salas del museo proyectos activistas que manejan información como Data Cívica, quienes apoyados en programas de búsqueda automatizada generaron la base de datos del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas Desaparecidas RNPED, una página que despierta una sensación de impotencia en el usuario al scrollear  y darse cuenta de que la lista de nombres de personas desaparecidas parece no terminar nunca. Así se muestra en la exposición con el único cambio de que en lugar de leerla en una pequeña pantalla se ha presentado en un espacio inmersivo respetando la misma estrategia de sensibilización o creación de empatía del sitio web. 

Un ejemplo similar se encuentra en el proyecto de María Salguero quien genera desde 2016 en Google Maps un mapa de feminicidios, con varias categorías y clasificaciones como localización, tipo de violencia, relación con el victimario, número de huérfanos, y una serie de información que la mayoría de los usuarios desconoce. Por eso, para esta muestra las curadoras le propusieron a Salguero desarrollar un tutorial que te enseña cómo opera su mapeo y cómo navegarlo, así como destacar los casos en los que este mapa ha resultado en una denuncia, cuando al entrecruzar las categorías María halló el patrón y modus operandi de un asesino serial que ya es buscado por la policía. 

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La exposición parte de las necesidades de cada movimiento y colectivo, y de la decisión acerca de lo que quieren hacen visible. La muestra se convirtió así en una plataforma, un canal más de distribución que llamó la atención del sector cultural.

"La intención es presentar las herramientas y estrategias con las que algunos agentes están trabajando y que nos permiten entender, por un lado, la transformación de las prácticas políticas y, por otro, la materialidad que toman para hacer visible su reclamo. Su radicalidad está en la urgencia y las formas de imaginación que ponen en marcha".

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Es importante que esta información se encuentre en el museo, especialmente en el programa que desarrolló el MUAC como conmemoración del M68, aniversario que adquirió un grado de saturación -casi banalización- y despertó una nostalgia peligrosa porque aunque todos reconocemos la memoria de un movimiento que ya está apagado y nos pronunciamos a favor de ello, eso no implicaba necesariamente la consciencia de hacer un cambio en el presente. La intención de esta exposición es  mostrar lo que está sucediendo, echar un vistazo a las movilizaciones sociales que están mutando constantemente en este mismo momento. 

Alejandra relata que a la inauguración asistieron dos padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, y al ver la réplica del Antimonumento +43, se conmovieron no por la pieza sino por el hecho de sentirse acompañados y recibir desde un museo, el apoyo para no permitir que la injusticia desaparezca y visibilizar la impunidad en la que continúan en espera de respuestas. 

Así como en la gráfica del 68 los artistas se preguntaban por los límites del arte, hoy esa misma condición está en el lenguaje del material de esta exposición. Hace 50 años el debate era entre el arte y la propaganda, hoy es entre performance, activismo e instalación. 

Las "piezas" que conforman esta exposición -al igual que la gráfica del M68- no nacieron como arte ni para estar en un museo, surgieron para estar en las calles como la Ruta de Antimonumentos, que se ha instalado en la ciudad como apropiación del espacio público. No sabemos si trascenderá, pero no es algo tan efímero y volátil como el meme que también opera y transforma la manera en que la gente discute la realidad política del país con una estética muy específica de instantaneidad, no autoría, anonimidad, y una serie de elementos y estrategias que combaten el olvido. 

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Otra de las premisas de la exposición es que el espacio público de protesta y movilización de impacto ya no sólo es el físico, sino el internet.

Como el mapa-instalación de la plataforma Horizontal, que muestra diez años de movimientos en una interconexión y nodos como agentes que se entretejen al formar una comunidad o grupo que de pronto puede activarse. Cuando sucedió el terremoto del 19S esa "red" se activó en un segundo a través del uso de un hashtag porque ya construimos una estructura de pensamiento bajo ese dispositivo, mismo que podemos replicar en diferentes momentos ya que no desaparece, sólo se "apaga" pero deja una serie de conexiones que pueden reactivarse todo el tiempo. Así, la movilización social puede ocurrir a través de una red latente que existe y que no le pertenece a nadie en términos de autoría porque cualquier persona puede utilizar un hashtag bajo cualquier temática o intención. Y eso también es una práctica estética y política de la cual no siempre somos conscientes. 

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Fotografía de Oliver Santana. Cortesía MUAC.

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De acuerdo con las curadoras, la muestra reúne tanto estrategias de intervención en el espacio público como iniciativas cuya plataforma de acción y socialización es la web, con la idea de visibilizar cómo ahora hay dos espacios entre los que habita la manifestación social: las calles y las redes sociales. 

El propio #NoMeCansaré es un hashtag pero también se ve en las calles, y así la praxis fluctúa entre lo físico y  lo digital como en el caso del mural instantáneo Desde la manifestación, un proyecto que parte de una fotografía de la marcha de octubre de 2014 que se distribuye en fragmentos junto con un manual de uso para que cualquier persona lo pueda pegar, pero parte de esas instrucciones incluyen que al terminarlo tomes una fotografía y lo publiques con el hashtag #365xlos43. En este ejemplo, la gráfica ha sido pensada para una doble función en la red, y ese es el juego de la exposición, de acuerdo con Alejandra Labastida, el lograr entender cómo hemos construido en el mundo digital otra forma de estar juntos y de protestar.

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¿Cómo habría sido la gráfica si en el 68 hubiera existido internet?

Es una de las preguntas y reflexiones que quedan al salir de las salas, porque aunque la conmemoración de los cincuenta años de 1968 es una oportunidad para revisar su archivo, también lo es para cuestionarnos dónde estamos y si realmente somos una sociedad distinta.

No te pierdas #NoMeCansaré. Estética y política en México, 2012-2018. hasta el 31 de marzo de 2019 en el Museo Universitario Arte Contemporáneo MUAC. Consulta más información en su sitio web: muac.unam.mx.

Fotografía de Oliver Santana. Cortesía MUAC.

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