
Para este artista contemporáneo mexicano, la memoria abarca mucho más que una acumulación de recuerdos. Explorar la memoria es indagar entre conceptos como la post-memoria, la memoria de lo que tú no viviste, la memoria de lo que nunca vivirás, la memoria de la ausencia, la memoria del cuerpo – porque quizá no nada más se trata de imágenes sino también de sensaciones corporales- y la memoria del imaginario colectivo, entre un montón de acepciones del mismo término. Y toda esa búsqueda cargada de reflexiones se manifiesta gracias al lenguaje de la pintura.
“Yo he llegado a entender que la pintura tiene que tener también un sustento conceptual fuerte detrás, y creo que esa es la forma en que la pintura puede tener un lugar en el discurso del arte contemporáneo (…) porque siempre ha estado presente la dicotomía entre su significado puramente formal y el simbólico. Yo trato de llevar la pintura a ese lugar conceptual para repensarla”. comenta el artista.

Al abordar y enfrentarse a la memoria de lo no vivido, Areán desarrolló durante 2013 el proyecto Sobre las huellas, mismo que considera un parteaguas en su carrera.
Aréan llegó a España con una beca de la Fundación JUMEX y un proyecto relacionado con la memoria de la Guerra Civil Española, su motivación era más personal que histórica, pues su abuelo fue piloto republicano en ese conflicto. Javier se enteró al crecer de que su abuelo estuvo recluido en los campos de concentración en Francia, cuando al ser expulsado por los fascistas intentó salir de España pero fue detenido en la frontera. Afortunadamente logró sobrevivir y llegar a México para no volver nunca más a su tierra natal. Aunque su abuelo falleció cuando Javier tenía cuatro años, sí recuerda que en en su familia no volvió a hablarse de la guerra “es normal y está estudiado el hecho de que en las primeras generaciones tanto padres como hijos evitan hablar del trauma para superarlo. Normalmente mi abuela decía comentarios como ‘sí, eso de los campos fue muy duro’ y no se hablaba más. Nos toca a los nietos el papel de indagar en ese pasado” comenta el artista.
El proyecto de Areán consistió en realizar una travesía en sentido contrario a la que realizó su ancestro, partiendo desde la playa de Argelès -donde se encontraba un campo de concentración- para llegar caminando a Barcelona. La intención detrás de esta acción era reivindicar la vida de su abuelo y la de miles de españoles que defendían la democracia y desaparecieron en el lado de la historia del cual nunca se escribió. Al inicio Javier sólo contaba con testimonios de sobrevivientes de los campos, archivos y documentos que le permitieran entender la magnitud de lo que su abuelo enfrentó, así que poco a poco su trabajo pasó de ser una memoria íntima y personal a ser una obra sobre la memoria colectiva.


“Yo creo que la memoria construye lo que somos, la relación entre la memoria y la identidad es en realidad muy cercana. De alguna forma aprendes quién eres a partir de ella y por lo tanto te define” Javier Areán, artista contemporáneo.
Al partir de investigaciones sobre la memoria, sus series y proyectos le enseñan más sobre sí mismo como lecturas de su pasado. Por ejemplo, en Casas de la Infancia el autor concibió y retrató ese espacio como un contenedor de memoria e identidad, Madrid 55 -título de la serie- reflejaba su hogar como aquél lugar a donde Javier puede regresar para encontrarse con sus recuerdos y extraer significados acerca de quién es.
Otro ejemplo es Asuntos familiares , serie desarrollada a partir de la apropiación de imágenes de archivos y álbumes familiares, como un proyecto de memoria que a veces recurría a sus “asuntos” y otras a imágenes encontradas en internet que cuestionan cómo convertimos una imagen íntima y pequeña en otra pública y monumental, y si no es esa la propia esencia de las redes sociales en las que publicamos nuestros momentos más personales para convertirlos en un asunto visible para todos. Estas obras resaltan el significado que imprimimos a ciertas imágenes que pertenecen a una parte significativa del pasado, y el impacto que estas tienen en nuestra relación con el presente.


La post memoria es un término conceptual que se manifiesta en la obra de Javier, al ser una memoria que no le pertenece, recuerdos de los que se apropia hasta volverlos colectivos.
La labor artística de Javier es un ejercicio de recolección y búsqueda de imágenes en una época en la que asumimos que todas las fotografías del mundo pueden descargarse en internet, una aseveración completamente falsa, porque hay muchos archivos que no se han digitalizado, álbumes que se resguardan como tesoros familiares y propiedades tan íntimas como las tarjetas postales que se conservan durante muchos años hasta que llegan a un mercado de antigüedades y se venden por lote a los curiosos.
Al respecto, Memoria epistolar/ Espacio Transitorio -su más reciente exposición- es un ensayo sobre la relación de la memoria y el espacio -que forma parte de un proyecto a largo plazo titulado 9 ensayos sobre la memoria desarrollado gracias al Sistema Nacional de Creadores del FONCA- que parte de la idea del autor de que las postales representan un espacio que existe en la mente de las personas, como experiencias que desean que permanezcan y que desean compartir. Su búsqueda se centró entonces en tarjetas cuyas palabras contenidas refirieran directa -o cercanamente- al lugar mostrado en su reverso generando una conexión íntima y personal. Estas tarjetas eran enviadas por correo sin un sobre, expuestas que cualquier persona leyera su mensaje por lo que su propia existencia supone una ruptura de la barrera entre lo público y lo privado.
“En este proyecto me apropio de pequeñísimos fragmentos de la memoria de otras personas que yo no conozco y que seguramente nunca conoceré. Son personas anónimas a las que he estado conociendo a través de estas postales. Me gusta pensar que el pequeño fragmento de lo que puedes ver en la postal es también equivalente al pequeño fragmento de la memoria de lo que está escrito” comenta Javier.


La apropiación pictórica de la imagen fotográfica es otra característica del trabajo de Areán, y es inevitable preguntarse ¿por qué resignificar una fotografía a partir de la pintura? ¿cuál es el valor que adopta la imagen ante esa práctica de representación?
Javier comenta que está práctica ha sido común entre los pintores de este siglo y del pasado, como el artista belga Luc Tuymans quien se apropia de documentos e imágenes mediáticas para inmortalizarles en el lienzo, “yo creo que la fotografía tiene su propio lenguaje y algunas fotografías que parecen insignificantes o banales, al convertirse en pintura cobran un significado que puede ser mucho más profundo” comenta Aréan.
En el caso de las postales que forman parte de Memoria epistolar/ Espacio Transitorio esta resignificación es clara, porque el artista ha “cancelado” a propósito su función original al montarlas sobre una base impidiendo que el espectador vea ambas caras y sea la pintura la que acompaña al mensaje escrito. “Los veinte dípticos presentados por el artista están compuestos por la parte epistolar original de la tarjeta postal, dispuesta bajo la reproducción pintada del paisaje fotográfico oculto” escribe Michel Blancsubé, curador de la muestra.
Para Javier Areán es importante que no podamos llegar a su fuente original para que la pintura sea nuestro único recurso visual. Además es importante mencionar que la pintura de Javier es figurativa, más no hiperrealista, a veces cambia los colores, agrega o aísla elementos de la imagen original y a través de eso la convierte en propia. No le interesa que la pintura sea idéntica a la fotografía, se centra en la mutación de su valor simbólico y lo que aquella imagen significó para alguien.


La memoria siempre es una serie de fragmentos en desorden, concluye el artista.
A través de la obra de Javier, reconocemos que la acción de recordar dista mucho de ser una estructura o una historia lineal, un recuerdo no es un relato que seamos capaces de reproducir sin errores o vacíos. Al recordar hay que unir las piezas para reconstruir lo que fue -o sus pedazos- que necesariamente son interpretaciones que dotan a la memoria de una naturaleza ficticia. La “verdadera” historia y los hechos que acontecieron permanecen en el pasado, lejanos e inalcanzables más allá de ciertos esbozos y registros que dejamos a nuestro paso cuando necesitamos consultar nuestros relatos y volver por instantes a lo que fue, como al releer una tarjeta postal.
“El uso de la tarjeta postal, todavía muy común hasta hace unos cuarenta años, se volvió patrimonio de un puñado de nostálgicos de aquella época en que la gente se tomaba el tiempo de escribir y mandar una tarjeta postal para expresar y compartir sus momentos de felicidad. El envío de una tarjeta postal satisface antes que nada el deseo de dar a conocer la alegría que nos recorre en un momento preciso, en un lugar de paso, excepcional de preferencia, al que -por lo regular- jamás regresaremos” Michel Blancsubé, curador.


Conoce más sobre la obra de Javier Areán en su sitio web y en su cuenta de Instagram @javierarean y no te pierdas Memoria Epistolar/ Espacio transitorio, curada por Michel Blancsubé durante todo abril en la Galería El 123, ubicada en la Calle Artículo 123 No.123, Colonia Centro.
Esta muestra forma parte del programa 1 MES 1 ARTISTA cuyo reto es abrir el arte a nuevos públicos, revelar artistas y darles visibilidad, al ofrecer oportunidades de experimentar y exhibir de manera libre sin límites impuestos por el mercado y crear un nuevo centro neurálgico del arte en el Centro de la CDMX.

Las fotografías de la exposición que ilustran este artículo son cortesía de Fernando Etulain, sigue su cuenta de Instagram @fernando_etulain para conocer más de su trabajo.

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