Constantemente hablamos de lo caro que resulta el arte o el objeto artístico y lo ridículos que suelen ser sus precios; pero pocas veces nos percatamos de que éste puede hallarse en cualquier sitio y venderse por las cantidades más insospechadas. Hace unos meses, un muy buen amigo –aficionado a comprar “baratijas” en el mercado de La Lagunilla– me platicaba cómo ha encontrado con el paso de los años una cantidad extrema de tesoros que después guarda con todo el amor del mundo o revende a coleccionistas en Internet. Con sincera emoción me detallaba aquel día en que encontró una serie de charolas restauranteras que Carta Blanca y Coca-Cola producían en la década de los 50; después, rememorando el día en que pudo subastarlas en línea, me contó que conoció a la mujer que había posado como chica pin-up para el print de los utensilios. No pudo finalizar la transacción; tuvo que regalarle el objeto, pero disfrutó mucho más compartir algo con tal personalidad de nuestra cultura popular.

Algo similar le sucedió con unos dibujos que halló en el mercado de pulgas y él aseguraba que eran bocetos de Diego Rivera o algún otro muralista famoso de México; investigó, estuvo a punto de perder el material, quisieron pagarle una cantidad ínfima por los diseños, trataron de convencerlo de que no eran relevantes y finalmente, le dijeron una verdad medianamente incómoda ante tanta expectación: no eran del mítico pintor. Quizá pertenezcan a uno de sus discípulos, pero no al esposo artista de Kahlo. Sin importarle mucho el valor económico que tienen, ha decidido guardarlos y tenerlos en su estudio para gusto personal.

Así como a él, otras personas han experimentado el dulce sueño de adquirir mediante un golpe de suerte, una cantidad asombrosa de obras u objetos que bien se podrían valuar en millones de dólares, pero ellos las adquirieron por montos completamente risorios. No es que carezcan de importancia o no tengan un precio establecido, sino que por azares del destino aparecieron allí, en algún rincón o vendimia que los salvó de magnates que sólo ven inversión, colecciones hiperprivadas o pujantes poco conocedores.
Aquí las obras más baratas de los artistas más reconocidos:
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“La marina de Trafalgar” (1793) de Goya y Lucientes

Javier Sainz, anticuario de la Provincia de Ávila, encontró este cuadro en posesión de un vendedor de fruta que al parecer no sabía en lo más mínimo lo que tenía en sus manos. Pagó 40 euros por el material, solicitó a los especialistas del Museo del Prado que constataran la información y le han dicho farsante, pero aún así, él insiste en que no es un truco. Esa pieza pertenece realmente a Goya.
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“El nacimiento intrauterino” (1896) de Dalí

Considerada la primera obra surrealista del español, incluso tres años antes de que Breton inaugurar el movimiento, esta pintura ha sido analizada mediante diversos procesos y ha arrojado ser un cuadro auténtico. Tomeu L’Amo –un conocedor del artista– la compró en los años 80 por 25 mil pesetas; unos 150 euros actuales. Ahora la producción pertenece a un coleccionista privado y no se sabe en cuánto le fue vendida.
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“A la orilla del Sena” (1879) de Renoir

7 dólares fue lo que pagó una mujer por este pequeño cuadro en Virginia Occidental. Ella alega no haber sabido que la pintura pertenecía al famoso artista –a pesar de que el marco ostentoso de ésta tiene una placa que dice RENOIR– y que sus intenciones nunca fueron las de participar en un acto delictivo. ¿Por qué? Pues resulta que esa obra fue robada del Museo de Baltimore en 1951 y estaba valuada en 10 mil dólares; cuando ella se acercó a una casa de subastas todo se descontroló e incluso el FBI estuvo envuelto en la investigación. Ella no recibió ni un solo centavo y la pintura volvió al recinto histórico que pertenecía.
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“Un Pollock cualquiera”
Para empezar, la dueña de este cuadro no sabía quién era Pollock y por qué es tan importante. Teri Horton, camionera retirada de California, lo tenía guardado en su garaje hasta que una de sus amigas le explicó lo que podía tener empolvado entre sus recuerdos. La anciana pagó por él cinco dólares en una tienda de segunda mano y quería rematarlo en una venta de cochera; los planes cambiaron y ahora no pide menos de 50 millones de dólares. De lo contrario, promete quemarlo si alguien no lo ofrece.
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“El magistrado de Bruselas” (1634) de Van Dyck

Un sacerdote británico aficionado al arte compró esta obra por 700 dólares pensando que se trataba de una pobre imitación; la sorpresa: años más tarde en una exposición de antigüedades, la presentadora del programa “Fake or Fortune?” de la BBC le vio y supo distinguirla estrictamente de entre las falsificaciones. Hoy vale mil veces más y el cura decidió que las ganancias se destinaran a nuevas campanas para su iglesia.
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“Ángel coronando a la Virgen María” (1520) de Durero

Una reliquia de mercado más en esta lista. En este caso, el comprador no era un ingenuo. Sabía perfectamente qué era lo que compraba; un grabado perdido durante la II Guerra Mundial que, después de adquirirlo a un muy bajo coste, fue devuelto a la Staatsgalerie Stuttgart en Alemania sin ningún interés de por medio. Ahora todo mundo puede disfrutar de dicha obra nuevamente.
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“Naturaleza muerta floral con amapolas y rosas” (1886) de Van Gogh

Cuando una familia de Wisconsin decidió vender su casa y llamó a un agente inmobiliario para hacer el avalúo, resultó que éste era además un aficionado al arte, dándose cuenta de que uno de los cuadros que adornaban el muro podía ser un auténtico Vincent van Gogh. Y resultó que sí; que un viejo pariente suizo lo dejó allí y, sin saberlo durante décadas, la pieza vale mucho dinero en el mundo del arte. En 1991 la familia decidió venderla por 1.43 millones de dólares.
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Parece un cuento de hadas; lo sabemos. Que un buen día, por accidente, tengas en casa un objeto que valga cientos, miles o millones de dólares y destruya todas las precariedades monetarias que pudiésemos imaginar. Suena un poco imposible, pero nada está prohibido. ¿Estamos seguros de estar valorando correctamente todos esos cacharros que guardamos en el desván? Quizá no. Para continuar con este tema de arte perdido o recuperado, revisa estas 10 obras de arte que se salvaron de ser destruidas por los nazis y La operación para recuperar el arte robado por los nazis.
