
¡La alegría es gigante!
Hoy, a cuatro meses de tu desembarco en Tierra, seguimos todos muy felices y muy muy muy de todo lo bueno que puede sentirse. Este es uno de esos ratitos felices en que todo nos chupa un huevo; hoy parece ayer y ayer vivirá alegre cada vez que llegue mañana, por eso, querido sobrino, ya te irás acostumbrando a que una vez por año se cumpla tu día y la gente que te quiere lo celebre con todo, le dicen fiesta de cumpleaños. No te preocupes por tus primeros cumpleaños, no los vas a disfrutar un carajo ni vas a entender por qué todo el mundo te babosea la cara más de lo normal ni por qué llegan a visitarte el mismo día invadiendo tu tranquilidad, después de un par de añitos se van a ir poniendo buenos y provechosos.
Tu aterrizaje fue un éxito. Descendiste de entre las alturas y las trompas y al primer contacto con la tierra fueron a tu abrigo los brazos de tu mamá. Mejor, imposible. Tu papi también estuvo ahí, al lado de tu mamá, pero no podía decir mucho porque iba a vomitar de la impresión.
Además de la bienvenida, te quiero dar mis felicitaciones. Tu valentía para hacer todo ese viaje solo muestra tus ganas de estar acá. Que nadie, nunca, te quite el valor de explorar la vida. Por acá ya casi nadie se anima a andar solo por las calles, menos de noche, es por una gripe de miedo, pero no te asustes, se contagia por boludismo y para prevenirlo no hace falta vacuna, sólo tienes que mantenerte alegre.
Otra cosa. Te cuento que las malas lenguas están diciendo que el parto no fue tan bonito como yo te lo cuento, no le lleves el apunte, a menudo, te vas a cruzar gente que está inconforme las 24 horas y que encuentran dos problemas para cada solución, se pasan la vida quejándose y eso enferma; la única lengua buena, de verdad, es la que prepara tu abuela a la vinagreta. Los que dicen que tu parto no fue tranquilo es porque vos caíste por parto natural, algo que hace mucho daño a las obras sociales. El trabajo de parto fue durísimo para tu mamá y para el médico, para los enfermeros, y para los demás pacientes que estaban en el hospital porque demoraste más de doce horas en cabecear para afuera. Ahora cuando quieras salir a jugar tu mamá no te va a creer un pito. Dijeron que tu mamá gritaba y gritaba, que gritó tanto que no se oyó ni un solo fuego artificial en toda la noche. Pero a ella no le importó nada, no le importó el tiempo de una noche que no se destapaba, ni el miedo de no saber lo que seguía ni el dolor de las entrañas que se le abrían. Tú mamá demostró que es una leona.
Tú papá también tiene su mérito, ojo. Yo, que lo conozco desde chiquito, sé que es muy ordenado y no aguanta ver la sangre fuera de su lugar, tampoco le gustan los gritos, menos si son de la mujer que ama y ni qué se diga si grita porque está alumbrando la llegada de su primer hijo. Tu papá se hacía caca encima y se la aguantó adentro. El ordenado es muy sensible al dolor del otro, es como si le doliera a él. Sin embargo, parece ser, que esos gritos que salían de la boca de tu mami, no eran gritos como los de siempre, sino que parecían rugidos y la frecuencia que vibraba hizo que se despertara el valor de tu papá para quedarse ahí, durante toda la noche apretando la mano de tu mamá, firme y fuerte, y blanco como una estatua de mármol. Y que fue en ese momento en que los dos juntos se alimentaron de la misma energía, el amor a vos, y supieron que nada podía salir mal.
Una de tus tías por parte de leona, te sacó una foto con tu papá después del parto. Te la guardé para que algún día veas la cara de sufrimiento que tenía tu viejo y el semblante de alegría que le brillaba en los ojos… Fotos de tu mamá no hizo falta que te guardara porque tiene como tres millones y sigue acumulando. Si te seleccioné algunas.
Mis preferidas son las que salieron en la televisión y en los diarios, porque quiero que sepas algo muy importante: le cagaste el brindis de año nuevo a todos. La mayoría te va a contar que fuiste el primer bebé del año en la provincia; que saliste en la televisión y que todo el mundo se enteró de la noticia; que el intendente hizo regalar una medalla de oro con su nombre grabado; que tu mamá estaba feliz dando notas a los periodistas; que fuiste el primer hijo, el primer sobrino, el primer nieto y todo primero. Pero yo te voy a decir tres cosas que nunca nadie jamás se va a animar a decirte: Naciste feo. Todo arrugado y con cara de viejo enojado. Segundo, culpa tuya ninguno disfrutó el vittel tone. Tercera, los privilegios y los honores que se le dan a los primogénitos con el tiempo y la llegada de los hermanos, se van convirtiendo en mochilas. Hoy serás de porcelana y mañana serás un boludo a cuerda, por eso, nunca pero nunca, te la creas. Escucha siempre tu corazón. Sé humilde.
Ahora que oficialmente sos Terrícola, quiero contarte algunas repercusiones de tu llegada. Por ejemplo la Nona. La Nona es un ícono de la familia. Para que te vayas ubicando en el mapa, la Nona es tu bisabuela. Los abuelos son algo así como los fundadores de tus papás y son lo mejor que te puede pasar en la vida. Los abuelos saben todo aunque no digan nada, de verdad. Saben muchas más cosas que tus viejos y que cualquiera.
La Nona es la más grande de la familia y es la última que nos queda, así que la cuidamos como oro aunque ella no se deja cuidar mucho. A veces, no me deja que la vea hasta que se vaya la peluquera que la visita, pero bueno… cuando no quiere mostrarse siempre llama por teléfono, el problema es que pone el teléfono inalámbrico en el piso porque tiene miedo de caerse, entonces se cae y nos llama a todos. Si la hubieras visto cuando caminaba… A la mañana un cafecito por ahí, al medio día almorzaba en el centro, a la tarde un té en el bar de la plaza y cada tanto se tiraba unas fichitas en el casino. Se hacía sus viajecitos, compraba ropa que después revendía y con eso nos llevaba para un lado, para el otro. Pero después, de a poquitos ratos que se pasaron más rápido de lo que uno se puede dar cuenta, sus amistades se fueron yendo y su energía se fue debilitando. Ahora se siente sola. Su soledad no es de visitas, sino de iguales. Sola de edad. Ninguno de nosotros conoce esa soledad, tal vez algún día sepamos qué se siente pero no ahora, por el momento sólo le hacemos compañía sin compartir lo que siente de verdad. Hasta antes de tu llegada, Lorenzo, la Nona no tenía ganas de nada pero cuando le avisamos que habías llegado bien, se le volvió a encender el brillo en los ojos. Le imprimimos tus fotos y ella las deja entre la almohada y la mesita de luz. Se nota que te quiere mucho y que le haces bien. Ya sé, te morís de ganas de conocerla, ¿cierto?
Tú tía Paula también está muy contenta. Se pasea todo el día por la casa cantando “AH HUM, DIJO UN SAPITO, AH HUM HABÍA UN SAPITO, HUM HA DIJO EL SAPITO, HA HUM HACENO LOS SAPITOS HA HUM” Yo creo que le está dañando el cerebro pero se la ve tan feliz así… Ella es la encargada de seleccionar tus fotos, imprimirlas hacerle detalles y esas cosas.
A mí me pasó —me pasa— algo muy raro con vos. Me siento frente a la compu a encontrarme con vos. Te observo. Contemplo tus expresiones, tus miradas. Tus detalles. Te veo parecido a tu mamá, aunque tu expresión más seria es de tu viejo. Me imagino tu voz y las voces de tus papis en conversaciones infantiles. Y te sigo imaginando y te sigo observando y te hablo y te digo macanas para que te rías porque es mi manera de quererte sin distancias, de saltar la barrera de lo físico que nos coloca en lugares lejanos, donde sólo llega el amor, pero no los brazos para levantarte. Y así paso los ratos que puedo, dejándome engañar por la inmediatez virtual que actualiza nuestros estados y nos mantiene informados de vos y de tus papás, sentir en tiempo real que estamos cerca, casi pegados, vos de un lado del monitor y yo del otro. Pero, y andá acostumbrándote a los peros, el fin de semana pasado no tuve internet en casa y recién el lunes, en la oficina, busqué fotos tuyas en el perfil de tu mamá y me encontré con una foto de un bebé gordito con una mirada melosa llena de brillo y calor y por un instante lento y silencioso me quedé contemplándola, escaneando los detalles de esa foto hasta que fue inevitable comprender: El de la foto eras vos, Lorenzo, ¡eras vos! Habían pasado apenas tres días desde la última vez que vi una foto tuya y no te reconocí. Había cambiado toda la fisonomía de tu cara. Habías crecido setenta y dos horas y parecías otro… pensar que yo siempre decía que la distancia no es distancia, que uno viaja en el corazón del otro, pero esta vez, aunque sigo pensando lo mismo, los kilómetros que nos separan me apretaron el estómago contra el pecho y me jodió mucho el atropello del tiempo cuando pasa la fatalidad de lo irrecuperable, y es que me jode no abrazarte ahora, que sos como un almohadón perfumado, pero mucho más me jode que sólo seas un almohadón perfumado un ratito en la vida y sólo pueda verte en fotos.
No hay nada que hacerle, Lorenzo, al tiempo no se lo engaña. Aunque joda las pelotas, al tiempo hay que aprenderlo. Así espero el momento en que nos encontremos por primera vez. Tal vez vaya hasta tu casa y te lleve algunos regalos y me enseñes tu cuarto, tal vez vengan uds. y yo te enseñe la plaza, la heladería o te lleve al parque ¿quién sabe? El tiempo dirá, pero seguro vamos a juntar muchos ratitos lindos…
P/D: Gracias por alegrar las horas de la Nona.
