Imagen por Angel Alita
Si nuestro amor fuera un paisaje serían piedras rojas, ancestrales, prehistóricas
que alguna vez estuvieran cubiertas de agua marina.
Aún en algunas, se encuentra en su íntimo centro, la sal más antigua
presionada entre demás minerales. Se alzan hacia el cielo las curvas oxidadas.
Entre ellas vagaron enormes animales. Peces primitivos, ballenas cruzando pesadas
y con un letargo grandioso.
Basta con que un grillo o un escarabajo se pose en la cima más alta de una de ellas,
para que vibren y recuerden tiempos remotos.
