Texto escrito por: José Tochtli Fioravante
“Las infidelidades se perdonan, pero no se olvidan jamás”.
-Madame de Sévigné
Los amantes no se encuentran, se aman. Porque ahí el destino los puso, para amarlos. En la oscuridad, con minutos apenas, pero los amantes se viven, se encajan en el alma, se dejan…
Así son los amantes, detalles que nos encuentran, amores que se alejan, caprichos que se engendran.
Este poema es para todos aquellos amantes que han vivido la experiencia de ser la “manzana de la discordia”, tan llenos de erotismo y de amor prohibido, causantes de celos, envidias y escándalo social.

Inefablemente inesperado
Qué cruel sería la vida si nos negara
la experiencia inefable de convertirnos en
aquel amante inesperado…
Si nos negara ser agua viva en el desierto,
en un lugar inhóspito, muy alejado.
Si nos dejara a la deriva, perdidos,
sin poder sentir el beso resucitador de un ángel caído,
apenas del cielo expulsado.
Si nos negara la oportunidad altiva de procurar
nutritivo abono al brote del naranjo recién encontrado.
Qué cruel sería la vida si nos negara
la experiencia inefable de convertirnos en
aquel amante inesperado…

Si nos negara el momento más esperado de encontrarnos
con el ansiado pecado,
tan dentro, tan hondo, tan encarnado.
Si nos negara el deseo, la pasión,
las ganas de sanar un corazón atormentado,
con caricias y halagos, sonrisas y orgasmos,
para borrar los errores de su pasado.
Si nos negara probar las mieles de llegar al éxtasis añorado,
para saber que estamos vivos, que volamos,
que con nuestras alas podemos ver de frente al Cristo del Corcovado.
Qué cruel sería la vida si nos negara
la experiencia inefable de convertirnos en
aquel amante inesperado…
Si nos negara ser el detalle oculto por todo el mundo condenado,
aquel amante temerario, intrépido, residente en el ojo del tornado.

Si no nos dejara amarrarnos al capricho
de tatuarnos en el alma a un romance descarado,
que a la larga nos dejará vencidos, devastados,
con el cerebro loco y el pensamiento exaltado.
Si nos negara jugar a ser Dios, de carne,
un mortal, Hércules posmoderno y adornado,
esperando su ofrenda, el sacrificio de sangre
para acabar de convertirnos en un arcángel alado.
Qué cruel sería la vida si nos negara
la experiencia inefable de convertirnos en
aquel amante inesperado…
Si no nos permitiera liarnos a golpes
con el perro guardián del destino encadenado,
para apropiarnos de él, para devorarlo,
pues sabe mejor el tesoro que es compartido y robado.
Si nos negara aquellos minutos culposos, negados,
con los que soñamos y reímos emocionados,
en silencio, callados, sabiendo que son prestados.

Si nos negara disfrutar al amante envenenado,
que nos tienta y nos libera de lo cotidiano,
pero también nos hace pagar el precio de saber
que ese cariño algún día se devuelve porque no es completamente entregado.
Qué cruel sería la vida si nos negara
la experiencia inefable de convertirnos en
aquel amante inesperado…
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