A un mes del temblor: crónica del día en que la tierra se cimbró bajo nuestros pies

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por octubre 17, 2017
A un mes del temblor: crónica del día en que la tierra se cimbró bajo nuestros pies
A un mes del temblor: crónica del día en que la tierra se cimbró bajo nuestros pies

Escrito por Hernán Hernández

Martes

A las 13:14:40 los altavoces de la alarma sísmica no sonaron. La tierra se cimbró durante un periodo mayor al que estamos acostumbrados, y fue entonces cuando el miedo se absorbió por mi piel.

En el lugar donde trabajo casi no se sienten los temblores —algo andaba mal—. Crujieron las escaleras, los autos parecían saltar y el desconcierto en la cara de las personas que se encontraban en la calle era el mismo. La línea del móvil estaba saturada y los datos inestables. “Estoy bien, ¿ustedes?”. Poco a poco me enteré que mi familia y mis amigos estaban a salvo. Durante el regreso a casa me di cuenta de lo grave de la situación.

Ese día —19 de septiembre— no llevé mi bicicleta al trabajo, tampoco encontré alguna disponible en la red de estaciones, y al llegar a la colonia Condesa las fallas en el servicio eléctrico no me permitieron utilizar una. Caminé desde la colonia Florida hasta la San Rafael —2 horas y media, 10 kilómetros aproximadamente—.

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@sari_yeye

Mientras unos movían pedazos de edificios, llevaban víveres y medicinas, o coordinaban la ayuda; otros —incluido yo—veíamos el televisor sin dimensionar el verdadero alcance de lo ocurrido.

A las 21 horas, mi pareja y yo decidimos ir a la Condesa —llevamos desechables, alguna vez leí que este tipo de productos se necesitan tanto igual que los mismos víveres—. No pasó mucho tiempo para que nos diéramos cuenta de que en ese lugar sólo estorbábamos. Nos movimos a la colonia Del Valle.

—¿Para dónde van?— nos preguntó una pareja en el metro.

—A la Del Valle.

—¿Podemos ir con ustedes? Queremos ayudar.

—¡Vamos! Nosotros también queremos ayudar aunque no sabemos cómo.

Algo peor que estorbar, es sentirse inútil. Luego de un rato una familia nos pidió apoyarlos en la preparación de sándwiches. Pasamos cerca de una hora untando mayonesa, montando rebanadas de queso amarillo y de jamón, y embolsando. Regresamos a casa con el consuelo de haber dejado de estorbar.

Miércoles

La noche anterior Agustín me avisó que en el Café Raíz estaban preparando comida para los rescatistas y que necesitaba personas que pudieran transportarla. Revisé la bolsa de herramientas de la bici, me preparé un café y me lancé a la calle.

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@ponchofl

La ciudad era la misma, el ruido el mismo; sin embargo, algo en el ambiente me hizo sentirme pequeño. Realicé algunas entregas Roma-Condesa-Del Valle hasta que alguien avisó que se requería de comida en Xochimilco. Cuatro levantamos la mano y cuatro fuimos y vinimos. En ese recorrido me di cuenta de los verdaderos alcances del sismo —los daños aunque menores en comparación a los del 85, provocarían un buen número de familias damnificadas—. Tlalpan, Miramontes y Calzada del Hueso mostraban edificios severamente dañados. La personas de esas viviendas sólo tuvieron dos opciones: acampar al margen del área acordonada y pedir asilo a algún familiar.

Miércoles por la tarde, jueves y viernes, mañana y tarde…

Las imágenes de las casas que se cayeron en San Gregorio —Xochimilco era un desastre mucho antes del temblor— no tuvieron tanta difusión en comparación con los escombros del colegio Rébsamen. La ayuda tardó en llegar —aún hay quien cree que existen diferentes tipos de damnificados—. En los medios se conformaron con repetir las imágenes de las labores de rescate en la escuela ubicada en la delegación Tlalpan.

Apéndice

Ni los representantes del Gobierno, ni los elementos del Ejército y de Marina fueron de gran utilidad para apuntalar la Ciudad de México. Se dedicaron a delimitar el área en el que la sociedad civil podía organizarse —siempre han mostrado temor ante esto—. Los que ayudaron no sólo pertenecían a un grupo: fueron los transeúntes, los que ya no pudieron regresar a su oficina y vieron desplomarse el edificio contiguo, los que pedimos permiso en el trabajo para ir ayudar, los que enviaron víveres y medicinas desde otras ciudades, los que ofrecieron su vehículo para ir y venir, los que permitieron cargar los celulares, los que estaban en casa compartiendo la ayuda a través de redes y también los millennial, quienes por un momento se encontraron con un balde de agua fría llamado realidad.

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La generación de los jóvenes cambió mucho después se experimentar por segunda vez una tragedia que marcó nuestro país y sucedió hace 32 años, es por ello que debes conocer las razones por las que los millennials, gracias al sismo, podrán influir en las elecciones de 2018.

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