El hambre siempre fue primero. Comer por mera disciplina, mero sobrevivir por costumbre.
Ofelia trabaja de esto y lo otro, con el descubrimiento del naufragio guardado en su vientre. Y calla y sonríe y es para el mundo, Ofelia. Ahora deforme, ahora roca, luego dos segundos es espíritu. Ofelia, pedazo de Dios, pedazo de ruido. Quizá su niño siempre estuvo huérfano. Renuncia al milagro, al futuro y bebe agua pero igual se comería al mar si pudiera. Conoce otras rabias, otros iguales a ella, que van y vienen, y esto y aquello, todos en la antesala de la muerte, todos con los pies mordisqueados por la mujer del abismo. A veces Gabriel aparece en sus sueños con un traje de playa, parece Jesucristo. Otras veces aparece, tirano encantador, poniendo gotas en el trago de Ofelia para que se duerma pero oiga, huela, sufra el penetrar de los hombres que Gabriel ha invitado a gozar. Y Ofelia reconoce que eso es un recuerdo, no un sueño. Prefiere dormir en el abrazo de una droga que le haga perder la memoria. Sueña que las tentaciones de los otros la han llevado a la ruina, la blancura de una cabeza enterrada en su cérvix, el arrullo de plumas.

—No soy Leda, no era Zeus, no soy Leda, soy Ofelia, la niña a la que le hablan todo el tiempo para que no se cuelgue—
Sueña que al mirar su rostro en el agua le rebota siempre Gabriel. Que el suyo ha quedado para siempre en la leche violenta.
**
El teatro es otra manera de representar lo que sentimos a través del lenguaje del cuerpo, y también escrito, así como se ha experimentado en la poesía o narrativa con traer a la actualidad personajes de obras antiguas, para posicionarlas en nuestro entorno, como el poema que acabas de leer, jamás debemos olvidar que los clásicos son los clásicos, pues tienen su encanto, así que permítete la oportunidad de leer estas 5 obras de teatro clásicas que debes conocer.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Claudia de Lima.
