Entre sueños pasean los muertos fingiendo que están vivos

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por julio 20, 2017
Entre sueños pasean los muertos fingiendo que están vivos
Entre sueños pasean los muertos fingiendo que están vivos

El escritor español Calderón de la Barca dejó una imborrable huella en la Literatura hispanoamericana cuando en el monólogo de Segismundo —personaje de la obra “La vida es sueño”—aseguró que “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Con esta declaración en mente, vale la pena preguntarnos cuánto de nuestra vida es una creación voluntaria o inconsciente de nuestra mente.

En el siguiente poema, Gonzalo de la Fuente habla de la vida, la muerte, el sueño, los recuerdos y las delgadas líneas que dividen todo esto.

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EL INTERRUPTOR

Para quien tenga sueño(s)

Vivo sueño, vida sueño; sueño vida, sueña vida…

¿Por qué cuando eres pequeño no entiendes tiempo y medida?

¿Por qué al crecer congelamos en un gran sueño la vida?

Y poco nos acordamos que el soñar nos tiene vivos.

Pero no el soñar pasivo que sueles soñar despierto

mientras pasean los muertos fingiendo que tienen vida,

sino aquel soñar de sueños, aquel de niñez y encantos

donde la risa y llanto van labrando fantasías…

Fauna, flores, cielo, campo, saltar, volar, alegría,

escaleras que no acaban, puentes que nunca culminan

una ciudad que está en llamas, dioses, duendes, hadas, ninfas,

animales que del agua nos van fraguando la vida.

Sueño de ola gigante que retornará algún día.

Los amigos de la infancia, los deseos que no olvidas,

aquella mujer desnuda, aquel perro que mordía;

la casa, la vieja casa, que siempre fue mi guarida,

la sacerdotisa muda, el rey con su tiranía…

Hasta que algo te estremece y te muestra que es el día

en que un despertar de espanto de aquellos que te congelan

te hace ver el encanto de máscaras que no velan

¡Cuántas cabezas vuelan! ¡Cuántos cuerpos que se pierden!

Soñando cuanto caminan por caminos tan inciertos,

que ni los ciegos entienden que conducen a los tuertos

a la gran noche del alma donde no hay resurrección

donde una supuesta calma —colmada en contradicción—

culminará el soñar para ver lo que era tan cierto

y sólo al fin recordar, que nunca estuve despierto.

Toda la vida es soñar, porque es un sueño la vida…

Toda la vida es soñar, hasta que encuentras un muerto.

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Algunos grandes poetas mexicanos han escrito sobre la muerte. Si te interesa conocer sus obras, te recomendamos leer a Jaime Sabines y al joven escritor Gerardo Arana.



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