
Qué es más patético,
si no hallar refugio en la poesía
escribirle al viento con muda travesía,
aparcar las letras cerca del ocaso,
para que las hienas rían en estruendo
al devorar la médula ensoñada que se frota contra el hueso,
al proclamar la dicha del fantasma sin credo
al palpitar de una calle sin recuerdo.Sólo se juega a ser poeta
para poner en evidencia el flujo de las letras
para plantarlas cerca
y para cuando crezcan
abrir la boca y devorarlas/digerirlas/cagarlas
y seguir sembrando…
¡Cigarras! ¡Poemas!
¡Caracol de temporada!
¡Ingenuo Astronauta!
El juego de ser poeta
