Un momento de tensión y pasión, como un gesto de carácter netamente narrativo de la historia que se cuenta a continuación, perdura hasta al absurdo y completa la imagen del relato.

Beso
Ese beso es tan intenso y duradero que todavía no termina. Juan y Martina siguen enlazados en su beso hace exactamente seis meses. Un beso húmedo, cálido, persistente.
Sus labios se mueven, se chocan, se muerden. Por momentos se alejan un poco y la lengua de Juan acaricia ansiosa uno de los labios de Martina. Después los labios de Martina abrazan la lengua de él como si estuviera comiendo un chupetín.

Sus familias estaban preocupadas por la duración de ese beso. Por la salud de los dos. No comían, no dormían, no hacían nada más que respirar el aliento del otro. Suponían que no se deshidrataban por la saliva que fluía de uno al otro. Y no se explicaban cómo podían aguantar tanto.

Les hablaban, les gritaban, los sacudían para que se soltaran e hicieran otras cosas de su vida. Pero ante la indiferencia de los dos y la insistencia de ese beso-abrazo, se rindieron y los dejaron hacer.

Pasados dos meses ya casi los olvidaron. Pasaron a ser como esos postes de luz que están en la vereda siempre y uno ya no los ve. A veces tropezaban con ellos al ir caminando muy concentrados, pero segundos después los volvían a olvidar.

Al tiempo, costaba diferenciar un cuerpo del otro. Llegó un punto en el que parecía un par de medias dobladas una con la otra en el interior. Sólo se veía el movimiento persistente de los labios. Y se oía un jadeo cada vez más suave.

No se sabe a ciencia cierta, pero se cree que finalmente fueron absorviéndose uno al otro hasta desaparecer.
***
Ninguna historia de amor es igual a la otra. Indaga en las posibilidades y déjate maravillar.
