Hojas de té

5 min de lectura
por octubre 8, 2015
Hojas de té
Hojas de té

Regresé a Hojas de Té luego de tres semanas de haberla conocido por primera vez en Oslo 7, una pequeña calle entre Niza y Copenhague. La conocí el 12 de septiembre, cuando fui a ver la obra Silvana. El espacio me gustó y la gente que conocí me fascinó. Me invitaron para el evento del siguiente sábado pero no pude asistir por trabajo empalmado. Sin embargo, seguía pensando en regresar a tan hermoso e inspirador proyecto. Y regresé, el pasado sábado 3 de octubre regresé.

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Horas antes me había reunido con el escritor César Sánchez en el Café La Habana para discernir sobre algunos problemas filosóficos derivados de mi ponencia sobre la filosofía en el arte. A las ocho nos retiramos y, cuando hacia avenida Reforma nos encaminamos, sólo en Hojas de Té venía pensando. En mi inconsciente, el regreso era inminente y la búsqueda de mi consciente. Quería regresar y regresé. Toqué la puerta y conocí a Pilar, quien luego de escuchar mi breve historia llamó a Selene y me quedé para hacer la reseña de esa noche. Noche Flamenca: Edición Especial. Aún faltaba una hora y subí para ver los preparativos y platicar con los participantes.

Desde las escaleras, el zapateo, el ritmo y la energía despertando sorpresivamente mi piel interior y mi corazón exterior. Dualidad de órganos y mi espíritu alterado por el rítmico e impactante zapateado de una bella mujer de cabello castaño. Mientras observo soy testigo de los sentimientos que fluyen, que corren y surgen en los artistas. Y entre ellos reencuentro a Adriana, quien con su sonrisa me inspira y contesta mis primeras preguntas.

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Hojas de Té está dirigido por Marién Luévano, Selene González y Adriana David, quienes lo conciben como un punto de experimentación de las artes escénicas. La danza, en particular el Flamenco, es su actividad escénica por excelencia, empero, la apertura conceptual y multidisciplinaria está abierta a diversas actividades artísticas que buscan un espacio para dar clase, ensayos y/o presentaciones. El lugar es magnífico y su ubicación inmejorable en la colonia Juárez. Cuenta, además, con servicio de cafetería y una tienda de danza española. Cada mes hay al menos dos sábados de noches flamencas y dos de variedades, como música y/o teatro. Si buscas un lugar especial para una actividad escénica profesional, en Hojas de Té debes preguntar.

Sábado 3 de octubre, 2015. Esta noche es de Flamenco, edición especial con la legendaria bailaora Carmen Ledesma (Sevilla, 1956). Ganadora del Premio Juana La Macarrona en el Concurso Nacional de Córdoba en 1983. Con la participación de las bailaoras Jacqueline Benrey, Maleni Jiménez y Marién Luévano. Música: Fernando Soto en la guitarra, Cante y Palmas por Cachito Díaz y Ulises Martínez en el violín. Conversé con ellos antes de la presentación y pregunté, luego de confesar mi total desconocimiento, qué es el Flamenco. Cachito tuvo una filosófica contestación: “El flamenco nace del cante, el cante de la guitarra y de la guitarra nace el baile”. Me quedé pensando e imaginé sus relaciones en teoría de conjuntos y seguí reflexionando. Bebí un mezcal para lubricar el cerebro cuando faltaba poco para la primera llamada. Una cerveza y la segunda llamada. Tomé mi libreta y mi arma literaria cuando Adriana dio la tercera llamada.

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Primero tristeza, tristeza por la vida y su accidente, sus accidentes y reacciones; lo que no fue y que por ello de alguna manera también lo es. El recuerdo, el relato y el alma a través del canto. La música cala en el fondo del alma, evocando el anhelo, el sueño y el misterio. Llanto, canto y zapateado, la risa escondida a través de las cuerdas y el ritmo jugando con el eco de las palmas mientras tanto, mi silencio observando, percibiendo y reflexionando, viviendo en el reflejo del escenario las coincidencias con mi pasado.

Jacqueline baila con fuerza, ritmo y determinación en el sentir de la pasión, vida, vida y vida. Las piernas, el cuerpo y las manos. Todo en lo alto. Y sus ojos, y sus hombros, y su alma como el ritmo en el tiempo de su espíritu. La acción, la reacción y la negación de la calma. Luego la calma, poco a poco la calma, poco a poco llega la calma. Entonces el silencio y luego el silencio calla, calla gritando y sube, luego sube y sube y sube y… ¡Olé!

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Y es apenas el comienzo. La voz de los arpegios y su vibración, el violín y las palmas y la guitarra en acústico canto. Comienza otro palo. Algo de fantasía en sus ojos y ojos en sus pasos y el vuelo del tablao. Maleni baila y baila alegrías. Ritmo, ritmo y ritmo; tres, seis, nueve. Todo vibra y vibran todos, vibramos con ella y el zapateado como existencia. Su risa es vibra que vibra y hace vibrar la duela. Y con giros de su espíritu termina el primer acto en todo lo alto.

Viene el intermedio y éste se rompe cuando habla la guitarra nostálgica, el recuerdo de amor como tiempo detenido. “No dejo de pensar en ti cariño”, “Tu beso que se aleja de mi cama”, “Quisiera ser el dueño de tu amor”. Entra el sol naciente y Marién baila bañada del rojo de las luces y de su alma, lo físico y lo metafísico en su fuerza, precisión y determinación, pintura escénica haciendo vibrar la piel del público. Fuerza, determinación y precisión, y el rojo de su vestido llenando mis ojos. Su rostro, vehículo de las letras y proyección del acorde, el zapateado y sus manos y los brazos abiertos esperando el momento indicado. El ritmo vuelve y ella sonríe bailando, los brazos significando y todo sucediendo por las palmas, los acordes y los hombros levantados. La explosión danzando y entra la voz marcando, el suelo, el tiempo y el espacio. Marién hace volar el rojo y el público volando. Un escénico orgasmo. Me hizo llorar todo el significado.

Entonces entra Carmen Ledesma y crece la marea, se sumergen los miedos y surge su titánica esencia. Chocan las galaxias y chocan las estrellas. Explosiones indecibles e inexplicables, por su intensidad, maestría y fuerza estética. Completa expresión escénica: cuerpo, extremidades y rostro. La voluntad como esencia en sus manos, brazos y piernas, y el sonido son puntos en el cielo como estrellas. Y siente, y siente, y siente. Baila lo que siente y siente lo que baila, ella es lo que siente y la expresión escénica que su corazón siente. Explosión volcánica, el final se estremece cuando viene la presentación de todos y luego una participación colectiva, espontánea y sincera y efectiva. Si sabes, o sientes, bailar puedes subir y zapatear, pero hay que bailar. Y las sonrisas al final, completamente arriba, siempre arriba.

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Tienen que visitar Hojas de Té.

De regreso a casa y montado en mis sueños de danza, espiritualmente subí, existencialmente subí y ontológicamente subí, y al subir volví a subir y no bajé y no voy a bajar. No vuelvo a bajar jamás. Ahora mi espíritu estará arriba, volando y entero, trascendiendo, siempre arriba, siempre entero, siempre arriba como el Flamenco.

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Hojas de Té

Oslo 7, col. Juárez

52078416

info@hojasdete.org

http://www.hojasdete.org

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