Algunas veces no estamos preparados para las situaciones difíciles que la vida nos depara, pero siempre es posible vencer las adversidades:
Creo que esto me está absorbiendo.
Siento una neblina que no deja ver lo que hay más allá.
No encuentro el camino y caigo y tropiezo, mis pasos vacilan y tambaleo.
Me ahogo en sentimientos que no puedo manejar, me dominan. No me dejan actuar, sólo reacciono sin razón alguna, por inercia.
Siento un fastidio y un nudo en la garganta que no desaparece. No sé si sea mi límite pero presiento que pronto lo averiguaré.
Con una mejilla remojada y ojos cristalinos, una mueca se postra y se forma poco a poco.
No sé cuánto tiempo más me quede.

De verdad, no lo sé, pero, ¿sabes? No tengo miedo, es algo excitante, como si una pequeña chispa recorriera cada centímetro de mi cuerpo. Se podría describir como masoquismo pero de verdad la piel se estremece al pensar, al meditar y esperar lo que el destino tiene preparado. Es una sensación muy complicada de explicar, sólo ansío el momento, ansío la llegada, soy el siguiente en la fila.
Siento que pronto mi tiempo aquí acabará, pero empezará a vivir de verdad cuando eso pase. Ahí radica la emoción que mencionaba.
Sé que suena ilógico pero no le temo, le doy la bienvenida.

Sí, no lo puedo negar, siento algo de melancolía dentro de mí, tristeza de separarme de todo con lo que crecí y maduré, de todo lo que me reconfortaba, de un lugar seguro que sabía que siempre estaría para mí, pero esa no era mi vida, no lo era y lo sabía desde el principio, sólo era un escalón, sólo era el entrenamiento para afrontar las batallas que estaban pre-escritas. Era una vida que me preparaba para los retos futuros, este día he decidido acabar con esta comodidad y afrontar mi destino.
Dentro de mí, tal vez muy dentro de mí mente sabía que este día llegaría y que sería justo aquí cuando al morir, empezaría a vivir…
**
¿Por qué amamos a los malditos y a las escritoras las consideramos locas?
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Olja Ryzevski.
