Donde quiera que estés, espero que leas esto, que te deleites con cada palabra que he plasmado y recuerdes todos esos bellos momentos. Recuerda el campamento donde te conocí, un lunes lluvioso descifrando un juego que fue imposible para mí.
Es complicado para mí compartir mis sentimientos y confesar lo que pocos días significaron para mí. Deseo que para ti hayan sido lo mismo, que este cariño haya sido mutuo y único.
Ambos pensábamos que era imposible enamorarse en cinco días, y que era patética una declaración de amor al final de la semana.
Al parecer, estábamos equivocados. Me pregunto cómo es que sucedió…
En cada actividad ahí estabas, mirando y esperando. Cada mañana nos calentábamos sentados uno a lado del otro.
Las burlas sobre tu demencia y mi pobreza por ir en área IV se repetían todos los días.
Golpes, insultos graciosos; éramos como los mejores amigos y todos lo notaban.
Al pie de la fogata la luna se asomaba y mi cabeza caía en tu hombro. Mi barbilla se recargaba y dejaba soltar suspiros. Tu mirada fijamente en la mía no decía nada.

Una invitación al baile, tan tímida y emocionante. Te arrodillaste de manera involuntaria, pero lo hiciste a pesar de la vergüenza que te causaba. A pesar de que no te gustaba bailar y malo en tus movimientos, estuviste conmigo en cada pieza posible. Y no sabes cómo te lo agradezco, cómo disfruté nuestros pasos sin sentido.
La primera vez fue inexplicable, pero me tomaste de la mano en distintas ocasiones y mi cuerpo sentía un escalofrío profundo.

Debajo de la mesa escurrías el largo mantel para encontrar mi mano y las manteníamos unidas cuanto podíamos. Puedo jurar que sentía tus pulsaciones en cada nudillo cuando ligeramente me apretabas los dedos firmemente.
El frío recorría cada poro, me cubría tu saco y a ti tu liviana camisa. Tu brazo lo posaste alrededor de mi hombro y yo envolvía tu cintura, y pasaba mi mano sobre tu espalda para calmar los escalofríos que te estremecían.
No hubo momento más hermoso que cada segundo que pasaba junto a ti.
Los abrazos, las sonrisas, las bromas, las conversaciones sobre existencialismo y filosofía, los juegos, tu frente sobre mi frente, nuestras manos entrelazadas, tu misma presencia.
¿Cómo es que no dejo de entender lo que me pasa? ¿Y si por alguna razón nunca nos volvemos a ver o nos separamos?
No hubo una declaración de amor; sólo acciones y un abrazo último que me dejó extrañándote aún más.
**
A veces lo que más nos marca es ese último beso, esas últimas caricias que se quedan alojadas alrededor de nuestros cuerpo mientras vemos cómo el amor de nuestra vida se aleja…
