Poemas de Gabriel García Márquez para pensar la vida

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por enero 23, 2023
Poemas de gabriel garcía márquez para pensar la vida
Poemas de Gabriel García Márquez para pensar la vida

Gabriel García Márquez escribió poemas aunque lo más conocido de su obra son sus novelas, como Cien años de soledad, El Coronel no tiene quien le escriba y El amor en los tiempos del Cólera.

Los poemas que a continuación te presentamos fueron escritos en los años 40, antes de la publicación de su primera novela, La hojarasca, en 1955.
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Si alguien llama a tu puerta

1945

Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,

y algo en tu sangre late y no reposa

y en tu tallo de agua, temblorosa,

la fuente es una líquida de armonía.

Si alguien llama a tu puerta y todavía

te sobra tiempo para ser hermosa

y cabe todo abril en una rosa

y por la rosa desangra el día

Si alguien llama a tu puerta una mañana

sonora de palomas y campanas

y aún crees en el dolor y en la poesía

Si aún la vida es verdad y el verso existe.

Si alguien llama a tu puerta y estás triste,

abre, que es el amor, amiga mía.

Soneto casi insistente en una noche de serenatas

1945

Quisiera una mujer de sangre y plata.

Cualquier mujer. Una mujer cualquiera,

cuando en las noches de la primavera

se oye a lo lejos una serenata.

Esa música es alma. Y aunque no fuera

verdad tanta mentira sería grato

el saber que su voz siempre retrata

el corazón de una mujer cualquiera.

Quiero querer con música. Y quiero

que me quieran con tono verdadero

Casi en azul y casi eternamente.

Será porque ese ritmo me arrebata,

o tal vez porque oyendo serenatas

me duele el Corazón musicalmente.

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Canción

1944

Llueve en este poema

Eduardo Carranza.

Llueve. La tarde es una

hoja de niebla. Llueve.

La tarde está mojada

de tu misma tristeza.

A veces viene el aire

con su canción. A veces

Siento el alma apretada

contra tu voz ausente.

Llueve. Y estoy pensando

en ti. Y estoy soñando.

Nadie vendrá esta tarde

a mi dolor cerrado.

Nadie. Solo tu ausencia

que me duele en las horas.

Mañana tu presencia regresará en la rosa.

Yo pienso cae la lluvia

nunca como las frutas.

Niña como las frutas,

grata como una fiesta

hoy esta atardeciendo

tu nombre en mi poema.

A veces viene el agua

a mirar la ventana

Y tú no estás

A veces te presiento cercana.

Humildemente vuelve

tu despedida triste.

Humildemente y todo

humilde: los jazmines

los rosales del huerto

y mi llanto en declive.

Oh, corazón ausente:

qué grande es ser humilde

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Drama en tres actos

1945

Kornelius, el poeta resfriado,

iba para una fiesta.

Llevaba un sobretodo sobre el brazo

y un sombrero en la testa.

Una camisa blanca y una rosa

en la solapa negra.

II

Y Kornelius el alto

renombrado poeta

al salir a la calle

saludó a su colega

el famoso Francisco de Quevedo Villegas.

Estaba lloviznando

—el ciclo sin estrellas

mostraba a los humanos

una sonrisa negra—

y Kornelius, el alto

renombrado poeta

se resfrió esa noche

sin que se diera cuenta.

III

El salón se alistaba

todo para la fiesta.

Estaba el rey, la reina

y la corte suprema,

el señor secretario,

el conde de Lucrecia.

Ahí llego Kornelius,

con su rosa y su ciencia,

se quitó el sobretodo

en la ventana abierta;

y cuando le aplaudía

toda la concurrencia

pidiendo a grandes voces

una canción de guerra,

él sacudió el vestido,

sonrió, bajó la testa,

se aflojó la corbata,

hizo un gesto a la reina…

Dijo… Dijo… (no dijo):

Y estornudó un poema!

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Poema desde un caracol

1946

Yo he visto el mar. Pero no era

el mar retórico con mástiles

y marineros amarrados

a una leyenda de cantares.

Ni el verde mar cosmopolita

-mar de Babel- de las ciudades,

que nunca tuvo unas ventanas

para el lucero de la tarde.

Ni el mar de Ulises que tenía

siete sirenas musicales cual siete islas rodeadas

de música por todas partes.

Ni el mar inútil que regresa

con una carga de paisajes

para que siempre sea octubre

en el sueño de los alcatraces.

Ni el mar bohemio con un puerto

y un marinero delirante

que perdiera su corazón

en una partida de naipes.

Ni el mar que rompe contra el muelle

una canción irremediable

que llega al pecho de los días

sin emoción, como un tatuaje.

Ni el mar puntual que siempre tiene

un puerto para cada viaje

donde el amor se vuelve vida

como en el vientre de una madre.

Que era mi mar el mar eterno,

mar de la infancia, inolvidable,

suspendido de nuestro sueño

como una Paloma en el aire.

Era el mar de la geografía,

de los pequeños estudiantes,

que aprendíamos a navegar

en los mapas elementales.

En el mar de los caracoles,

mar prisionero, mar distante,

que llevábamos en el bolsillo

como un juguete a todas partes.

El mar azul que nos miraba,

cuando era nuestra edad tan frágil

que se doblaba bajo el

peso de los castillos en el aire.

Y era el mar del primer amor

en unos ojos otoñales.

Un día quise ver el mar

-mar de la infancia- y ya era tarde.

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Geografía celeste

1947

No ha muerto.

Ha iniciado un viaje atardecido.

De azul en azul claro

—de cielo en cielo— ha ido

por la senda del sueño

con su arcángel de lino.

A las tres de la tarde

hallará a San Isidro

con sus dos bueyes mansos

arando el cielo límpido

para sembrar luceros

y estrellas en racimos.

—Señor, cuál es la senda para ir al Paraíso?

—Sube por la Vía Láctea,

ruta de leche y lirio,

la menor de las Osas

te enseñará el camino.

Cuando sean las cuatro

la Virgen con el Niño

saldrán a ver los astros

que en su infancia de siglos

juegan la Rueda rueda

en un bosque de trinos.

Y a la seis de la tarde

El ángel de servicio

saldrá a colgar la luna

de un clavo vespertino.

Será tarde. Si acaso

no te han guardado sitio,

dile a Gabriel Arcángel

que te preste su nido

que estás en el más frondoso

árbol del paraíso.

Murió la Marisela,

pero aún queda un lino.

La muerte de la rosa

1945

Murió de mal aroma.

Rosa idéntica, exacta.

Subsistió a su belleza,

Sucumbió a su fragancia.

No tuvo nombre: acaso

la llamarían Rosaura,

O Rosa-fina, o Rosa

del amor, o Rosalba;

o simplemente Rosa,

como la nombra el agua.

Más le hubiera valido

ser siempreviva, Dalia,

pensamiento con luna

como un ramo de acacia.

Pero ella será eterna:

fue rosa; y eso basta;

Dios la guarde en su reino

a la diestra del alba.

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Soneto matinal a una colegiala ingrávida

1946

Al pasar me saluda y tras el viento

que da al aliento de su voz temprana

en la cuadrada luz de una ventana

se empaña, no el cristal, sino el aliento

Es tempranera como una campana.

Cabe en lo inverosímil, como un cuento

y cuando corta el hilo del momento

vierte su sangre blanca la mañana.

Si se viste de azul y va a la escuela,

no se distingue si camina o vuela

porque es como la brisa, tan liviana

que en la mañana azul no se precisa

cuál de las tres que pasan es la brisa,

cuál es la niña y cuál es la mañana.

Tercera presencia del amor

1945

Este amor que ha venido de repente

y sabe la razón de la hermosura.

Este amor, amorosa vestidura,

ceñida al corazón exactamente.

Este amor que es harina

que es infancia de sueños en la frente,

que es líquido de música en la frente

y es lucero nostálgico en la altura.

Este amor que es el verso y es la rosa.

Y es saber que la vida en cada cosa

se nos repite cada vez más fuerte.

Tan eterno este amor tan resistible,

que comparado al tiempo imposible

saber donde limita con la muerte.

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